Desde el fatídico derrocamiento del presidente Juan Bosch hasta la admisión a media de los resultados de las elecciones de 1978, transcurrieron 25 años sin que más de una generación conociera o disfrutara a plenitud de una auténtica democracia.
La población tampoco tuvo acceso a mínimas libertades públicas durante el periodo anterior de 31 años matizado por una tiranía sin ejemplo, por lo que durante 57 años casi de manera consecutiva los dominicanos no tuvieron ningún tipo de acercamiento con la palabra democracia.
Aunque desde 1978 a 1996, la ciudadanía alcanzó a ver algunos destellos democráticos, todavía los efectos de casi seis décadas de oscuridad negaban espacio al mediodía de la democracia, por lo que fueron frecuentes las crisis políticas y de legitimidad institucional.
La generación de los millennials ha sido la menos atormentada por los fantasmas de la intolerancia y la represión, pero expuesta a enfermedades sociales derivadas de la marginalidad, inseguridad, corrupción y violación o ausencia de derechos de última generación.
Es posible que por no padecer de manera directa las heridas de intolerancia ni recorrer largo viacrucis con tan pesada cruz de tiranía o regímenes represivos, la juventud de hoy no aprecie en su justa dimensión el valor del espacio democrático que con tanta sangre, sudor y lágrimas construyeron los mayores.
República Dominicana no es hoy ni por asomo la sociedad que por 31 años vivió bajo una tiranía, ni la que padeció una cruenta interrupción de su bisoño ensayo democrático, ni el conglomerado que sufrió aciagos periodos de represión, insurrección civil, invasión militar extranjera, fraudes electorales, crímenes extrajudiciales y represión política.
Las primarias del domingo constituyen otra expresión de que la democracia política dominicana, aunque defectuosa, avanza y se consolida, por lo que los ciudadanos tienen el compromiso de ejercer libremente su derecho a escoger candidatos a puestos de elección popular que presentarán los partidos políticos en las elecciones presidenciales, congresuales y municipales.
Los jóvenes de hoy deberían estudiar con denodado interés la historia política dominicana para poder consolidar su aprecio por los valores democráticos y su respeto por generaciones anteriores que llegaron hasta a inmolarse para que la patria de Duarte sea declarada algún

