Opinión

La caída de Lula da Silva

La caída de Lula da Silva

La caída política de Lula da Silva ha sido una de las más estrepitosas en la historia de América Latina. Pocos políticos dentro y fuera de Brasil han alcanzado tanta simpatía como el exgobernante que en su época de dirigente sindical organizó huelgas y desafío a la dictadura militar que rigió los destinos de la nación de 1964 hasta 1985.

Gracias a las políticas sociales que sacaron de la pobreza a alrededor de 30 millones de personas y a la prosperidad alcanzada por su país durante su ejercicio, el líder del Partido d los Trabajadores (PT) se convirtió en una leyenda viviente, a tal punto que más que sus defectos hasta sus contrarios preferían destacar sus virtudes.

En Lula siempre se ponderó su promisoria carrera social y política. Antes que ir a la escuela, en su infancia, como cualquier otro niño de su mismo estrato, ejercía como limpiabotas. A los 15 años se hace obrero metalúrgico, dedicándose a la lucha sindical por la que cae preso durante 30 días, lo que transformó una victoria política que culmina con la fundación del partido más sólido de Brasil. Tras fracasar en tres intentos como candidato presidencial, Lula, que había sido uno de los diputados más votados de Brasil, finalmente consigue en 2002 convertirse en gobernante de la nación más grande de América Latina. Su ejercicio del poder no modificó en lo más mínimo su temperamento y llegó a significar un referente hasta en los más apartados confines del planeta.

Pero la corrupción, que era lo menos que se esperaba de él personalmente, le ha pasado factura. Por un apartamento de 1.1 millones de dólares que habría recibido de una constructora favorecida con la adjudicación de obras a través de Petrobras fue condenado a nueve años de prisión, que en apelación fueron elevados a 12.

El caso es uno de otros seis que tiene abierto por sobornos, tráfico de influencias, lavado de activos, enriquecimiento ilícito y otros cargos. El cerco contra Lula comenzó a estrecharse desde la detención en 2015 de Joao Vaccari Neto, tesorero del PT, y de José Dirceu, su hombre de confianza en el Gobierno.

La prisión que inhabilita a Lula para candidatearse ha sido atribuida por sus parciales a un plan de la derecha y Estados Unidos para bloquear su retorno al poder. Pero no ha de ignorarse que el exgobernante fue precisamente quien articuló la alianza con los conservadores, que se rompió con la destitución del poder de su ahijada Dilma Rousseff y su relevo por el actual presidente Michel Temer.

La caída de Da Silva, duele reconocerlo, ha sido el resultado de la cruzada contra la corrupción que ha puesto tras las rejas a prominentes empresarios y políticos de Brasil, además de propiciar renuncias como la de Pedro Pablo Kuczynski en Perú. Sin que nadie se llame a engaño.

El Nacional

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