La ausencia de los controles previos que caracterizan los medios de comunicación convencionales ha planteado la posibilidad de que plataformas como Facebook, Twitter, YouTube y Microcroft ejerzan un “control ex post”de los contenidos que publican, otorgándoles la potestad de excluir aquellas publicaciones que consideren agraviantes sin la intervención de orden judicial.
Este modelo entraña el peligro de una censura privatizada ejercida por particulares y, peor aún, un control de máquinas automáticas sobre la base de algoritmos, cuya capacidad de producir una valoración del contenido esencial del derecho de libertad de expresión y su contexto está en duda.
Además, se plantea la cuestión de que un modelo como este rompe el principio de exclusividad judicial que gobierna esta materia.
El tema ha tomado relevancia luego que al Tribunal Europeo de Justicia de Lexemburgo han llegado cuestiones prejudiciales de naciones como Austria, en la que se demanda a Facebook por su pasividad a la hora de detectar y eliminar contenidos calificados como discursos del odio que atacan a dirigentes políticos incitando que sean llevados a la cámara de gas.
El tribunal austriaco pregunta a la justicia europea si el ordenamiento jurídico comunitario permitiría imponer a Facebook un deber de eliminar ese tipo de comentarios, especialmente cuando son radicalmente contrarios al principio de dignidad humana y a las normas en esta materia aplicables en el país correspondiente.
La red social alega que en este caso sus normas de comunidad no habrían sido violadas, sino que rechaza también, en términos generales, la imposición de una obligación de control y monitoreo de este tipo de expresiones en un entorno virtual.
Otro caso reseñable es el de Francia, donde los tribunales tienen pendiente una decisión sobre el expediente de un usuario que demandó a Facebook por desactivar su perfil en la Red por publicar cuadro “El origen del mundo”, del pintor Gustave Courbet, una obra que hace una apología del desnudo de la mujer mostrando sus órganos sexuales.
En Inglaterra, las alarmas se han disparado por las políticas del periódico The Guardian, que publicó el manual que sus moderadores de contenidos deben observar para la publicar informaciones e imágenes relacionadas cone terrorismo, sexo y violencia. Arbitrariedad, vaguedad y generalidad, son las objeciones que se le hacen a las pretensiones regulatorias del diario londinense.
Este movimiento se está produciendo en el contexto de una creciente preocupación de la Unión Europea por la tutela efectiva de los derechos de los usuarios de Internet en lo atinente a protección del honor, la intimidad y la propia imagen.

