La República Popular de China ha protagonizado en las últimas décadas la mayor revolución económica de la historia de la humanidad, en el sentido de que nunca una población había cambiado de forma tan intensa sus condiciones materiales de vida en un período de tiempo tan corto.
Apenas 40 años después de iniciado el programa de apertura y reforma en su base económica.
El crecimiento económico chino se ha basado, como es bien sabido, en las exportaciones e inversiones. Ahora se plantea un cambio de modelo, necesario para que su economía pueda mantener un crecimiento equilibrado y sostenido a largo plazo.
China ha dedicado normalmente más de un 40 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a la inversión. La producción industrial representa casi el 50% de ese PIB, mientras que los servicios no llegan al 40 por ciento.
Mientras la tasa de ahorro de los hogares es muy elevada, el consumo representa un 35 por ciento del PIB, una participación muy baja en relación con la mayoría de los países de su nivel.
Esta estructura de la economía china está relacionada con algunos de los asuntos que causan fricción en sus relaciones económicas internacionales. China ha producido mucho más de lo que ha consumido, y la diferencia ha ido destinada a la exportación, que es el único mecanismo conocido para que los países salgan de la pobreza.
De esta forma, ha obtenido una balanza comercial positiva con casi todos los países que hace negocios, lo que también le ha permitido transferir importantes volúmenes de capitales al exterior.
De modo que la China que tuve la oportunidad de ver, junto a otros colegas periodistas dominicanos, no es más que una sociedad que disciplinó sus habitantes, estableció reglas de comercio claras y transparentes y se dedicó a producir más de lo que consumía.
Aunque los modelos económicos y políticos no se pueden extrapolar de un lugar a otro, las autoridades y los empresarios dominicanos deben detenerse a revisar minuciosamente este fenómeno de desarrollo, para ver qué parte podemos explorar para beneficio de nuestro país.
Sin embargo, la clave está en producir lo que podamos vender a los consumidores chinos. No hay de otra.

