Opinión

La CIA en las suyas y el pacto en vigencia

La CIA en las suyas y el pacto en vigencia

Las torturas en Abu Grahib y en Guantánamo y  el traslado de prisioneros con el fin de torturarlos, son acciones que el equipo encabezado por Barack Obama pretende borrar, pero no mediante sanción a los culpables, sino con actas de rectificación. ¿Dónde queda la idea de delito? No es extraño, pues, que, dentro de los proyectos para enfrentar la crisis financiera, no figure la investigación de las cuantiosas ganancias que a altos militares, políticos y mercenarios, han dejado la agresión y el saqueo. No pretenden Obama y sus asesores tocar los cuantiosos recursos que  al ex presidente George W. Bush, al ex vicepresidente Dick Cheney, a la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice y a sus socios  en diversas corporaciones, dejaron las invasiones.

El gran pacto político incluye, sin duda, la impunidad.

La Agencia Central de Inteligencia, la terrible CIA, tiene un nuevo jefe, Leon Panetta. Y, al momento de ser confirmado por el Congreso, anunció que el gobierno de Obama no hará gestiones para procesar a quienes aplicaron nétodos “especiales” de interrogatorio, incluso si llegaron a la tortura, mientras se compruebe que actuaron de acuerdo con las instrucciones recibidas. En resumen, se trata de hacer cambios cosméticos en la CIA, pero sin despojarla de su definición esencial y sin renunciar a utilizarla como ente represivo a nivel mundial.

El jefe de Panetta, también  confirmado como Director Nacional de Inteligencia, es el almirante retirado Dennis Blair, quien tiene en su currículum el haber sido jefe del Comando del Pacífico y subdirector de apoyo militar de la CIA. Ya Blair habló de la amenaza que representan Venezuela y Bolivia. ¿Con qué derecho pretende convertirse en sepulturero de los cambios políticos en este continente? Es obvio que mantiene la idea de que esta zona es su traspatio.

Los analistas de las grandes agencias señalan que Panetta no ha dicho si serían procesados quienes instruyeron a los torturadores. El señalamiento es inocuo, porque no llega al contenido del gran pacto.  Obama y su equipo tienen el compromiso de no auscultar las gestiones anteriores para no establecer culpas.

Las instituciones USA, incluso durante la Administración Bush, han sancionado a soldados y oficiales subalternos que actuaron   para satisfacer apetencias personales y alimentar el morbo con que llegaron a los escenarios de guerra. Pero  no se proponen revertir los “logros” de la ultraderecha en el afianzamiento de la hegemonía del poder estadounidense. 

El fundamento de estos juicios no está sólo en el anuncio de Panetta, sino principalmente en el discurso de toma de posesión de Barack Obama, en el contenido de sus declaraciones, y en su accionar mismo, que incluye la selección de asesores y la toma de medidas económicas y políticas.

Siendo candidato, Obama, igual que su principal rival John McCain, apoyó el proyecto diseñado por la Administración Bush para enfrentar la crisis, es decir, el uso de más de 700 mil millones de dólares para evitar la quiebra de  corporaciones y facilitar las transacciones en ciertos sectores.

Como presidente electo, Obama habló de unidad haciendo un llamado a los republicanos. Poco antes del 20 de enero, dijo que consideraba a su antecesor, George W. Bush, un hombre bueno y lleno a amor por Estados Unidos. 

En su discurso de toma de posesión, habló de integración ante la crisis.

No se necesita añadir adjetivos ni buscar argumentos para sustentar predicciones, porque ya es obvio que en el llamado a la unidad y a la integración en la lucha contra las amenazas comunes, subyace la garantía de impunidad, la preservación del patrimonio obtenido mediante el saqueo, la agresión y la malversación de fondos, y el perdón para los culpables de la crisis, que serán beneficiados con el  proyecto de “rescate” aprobado recientemente, que lleva la firma de Obama. ¡Qué descaro!

Si por ese pacto no se empleó a fondo la ultraderecha en impedir el ascenso de Obama y por lo mismo no ha dado pasos importantes hacia el magnicidio, hay que decir que ese pacto también reduce a los aspectos no esenciales el cambio esperado por mucha gente, y garantiza impunidad para  crímenes de lesa humanidad… El águila no se limará las garras… La fuerza de los pueblos deberá cortárselas… Esa tarea es ineludible.

El Nacional

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