La actualidad dominicana se muestra como una cantera que arde bajo el fuego cruzado de los temas políticos, la delincuencia y la criminalidad. Es mucho el tiempo que se ocupa en hablar de las elecciones venideras, la Junta Central Electoral, candidaturas, y la reelección como posibilidad cercana o remota según las visiones sujetas a las preferencias. La clase política tiene entretenido al pueblo dominicano con temas de coyunturas, y juega con ellos según su conveniencia.
Es así como van quedando aplazados otros temas de trascendencia, como el de la excesiva migración haitiana, que gravita y se agrava con la criminalidad la cual aun no se quiere medir en la dimensión en que debería hacerse.
Con la criminalidad haitiana hay que estar alerta ya que por parte de las autoridades hay, y de manera consciente, mucha tolerancia. Por esa tolerancia esta criminalidad se incorpora a la dominicana de un modo creciente, pero camuflada. Si se desagregaran los datos en procura de transparentar los hechos con objetividad, en un asunto tan fundamental como lo es la criminalidad, se vería que la nacional recibe como gran afluente la criminalidad haitiana que, con toda crudeza, apunta a ser tan despiadada como la que hoy lamentamos cuando toca a seres emblemáticos y queridos.
Ya suman miles los dominicanas/os que han sido víctimas de violaciones sexuales, y otros hechos horrendos que son crímenes de odio producidos por manos de un haitiano, o un grupo de ellos. Aunque no se cuente con estadísticas completas, sino algo aproximadas, estos episodios de sangre y de muerte no pueden ser ocultados, ni minimizados. Los crímenes y delitos de los haitianos son la evidencia de la irresponsabilidad, el miedo, el servilismo y la indiferencia de las autoridades dominicanas, pues nada hacen para contrarrestarlos, ni para prevenirlos.
