Ayer 6 de marzo celebramos el miércoles de ceniza y con ello el inicio de la cuaresma que es el tiempo litúrgico de conversión donde nuestra iglesia nos prepara durante 40 días para la gran fiesta de la Pascua. Este espacio propicio para reflexionar y a solas con nosotros mismos identificar aquellas debilidades y faltas que podamos cambiar de nuestras vidas y así convertirnos en mejores seres humanos, en mejores padres, en mejores hijos, en mejores ciudadanos y sobre todo acercarnos más a esa fuente del amor y el bienestar que es nuestro salvador Jesucristo.
A lo largo de estos 40 días, que terminan el jueves 18 de abril, debemos esforzarnos en recuperar y llevar un estilo de verdaderos creyentes e hijos de Dios. El color litúrgico en este tiempo de reflexión, penitencia y conversión es el morado que significa luto y penitencia donde Jesucristo nos llama a perdonar y a reconciliarnos alejando en espíritu y acción de nuestros corazones el rencor, la envidia, el odio, los celos, la intriga, los chismes, la falta de solidaridad, las criticas, la ambición y la codicia, la deshonestidad, etc.
La práctica de la Cuaresma se consolida en el siglo IV, constituyéndose en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia a través del ayuno y la abstinencia
En la Biblia el número 4 simboliza el universo material que seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma de cuarenta días se consolida en el siglo IV, constituyéndose en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia a través del ayuno y la abstinencia.
En la actualidad más que ayuno de comida lo que se incentiva ayunar, restringirnos de esos malos hábitos y prácticas que afectan en nuestras vidas en el día a día, es ayunar de nuestras comodidades, de la vida fácil, de la vanidad, etc., donde convirtamos en ceniza estos males de nuestra existencia, de ahí el miércoles de ceniza, porque la ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser estos quemados.
Es una excelente oportunidad para renacer en nuestras buenas obras, de rectificar nuestros errores, debilidades y malas actitudes, de ser esa persona que siempre soñamos ser, porque nunca es tarde para comenzar de nuevo y de llenar nuestros corazones de ese amor incondicional que solo Dios nos puede dar, por Dios hable es ese lenguaje universal que es el amor. Celebremos nuestra cuaresma 2019 y salgamos fortalecidos y renovados de ella.

