Todo lector perspicaz, que ha venido dándole seguimiento al actual proceso electoral, sabe que el crecimiento sostenido de uno de los candidatos, conlleva, de manera inequívoca y acertada, al decrecimiento del otro candidato. Y más, cuando uno de ellos no ha sido capaz de lograr la unidad interna de su organización, sabiendo que tiene de frente al partido político, auténtica maquinaria electoral, más poderosa con que cuenta la sociedad dominicana hoy día.
Definitivamente que la alegría que al principio mostraban los perredeístas, poco a poco ha venido convirtiéndose en una pesadilla nada agradable en la que uno se despierta sudoroso, sofocado y temeroso. Sí. De esas en la que uno se resiste a creer lo que está sucediendo. El caso es que entonces desesperadamente se busca y se insiste en despertar lo más pronto posible para así dejar atrás a ese infierno.
No importa lo que se escuche, se lea o se vea. Ellos (el candidato Hipólito Mejía, sus estrategas del PPH, y los demás) saben que todo va cambiando y que las condiciones no les son favorables. El descenso es imparable.
Lo que se observa entonces, es como si de pronto el PRD haya decidido echar a correr sin rumbo fijo. Correr y correr hasta adentrarse en un profundo y espeso laberinto. Y todo al darse por enterado que el período de entrenamiento de los peleadores había concluido, que ya no podía vanagloriarse de ser el mejor en medio del salón, sabiendo que ya tenía un contrincante inteligente y valeroso al lado.
Lo innegable es que aquella famosa luz brillante al final del túnel se les está haciendo imposible alcanzar. Mientras más esfuerzos hacen por acercarse, mucho más tiende a alejarse la tan codiciada luz.
Libertad poseen para maquillar y confundir. Pero imposible resulta permanecer todo el tiempo acomodando y distorsionando la realidad. Los votantes, aunque algunos consideren que son fáciles de engañar, son realmente sabios. No peco de ingenuo cuando afirmo que el PRD perderá las elecciones. Lo que significa que Danilo Medina ganará en la primera vuelta.

