Prometí en el artículo anterior que escribiría sobre el tema central de evento del ITLA: la educación liberadora. Muchos en el movimiento popular, intentan poner en práctica la educación liberadora, término acuñado por el educador brasileño Paulo Freire, quien se dio a conocer a nivel mundial con el libro Pedagogía del Oprimido, que recomiendo a todo aquel o aquella interesado en educar para el cambio.
Básicamente, Paulo plantea que no puede existir la opresión si el oprimido no la internaliza, si no acepta como válidos los valores de sus opresores. En el caso del racismo, éste no puede existir si sus víctimas no se asumen como inferiores; lo mismo se aplica al sexismo y al clasismo, los tres jinetes del Apocalipsis. Si una persona no acepta la estructura de clases, le da «par de do», que la persona con quien tenga que intercambiar sea el príncipe de Inglaterra y entiende la monarquía como lo que es, un anacronismo. ¿Por qué le ha de importar a nadie que el tatatarabuelo de alguien haya tenido un castillo no sé dónde y que en eso base su supuesta superioridad?
Detrás de los tres «ismos»: clasismo, racismo y sexismo, hay una historia de sangre, porque no se impusieron por palabra divina, sino a violencia y fuego, pero una vez pasada esa etapa se impusieron y siguen imponiendo a través de los procesos de socialización, cuyo objetivo fundamental es que la gente acepte su destino como dado y las estructuras sociales se sigan manteniendo intactas.
Por eso Paulo decía que no podía haber una educación liberadora si el o la oprimido/a no entendía los orígenes de su opresión, de su clasificación social, de su lugar en la estructura social y en la historia, e iniciaba todo proceso educativo con un diálogo anterior a los contenidos a impartir, que le permitiera al facilitador/a entender las motivaciones, las ideas, los sentimientos, la ideología del educando.
Después de ese diálogo, donde se establece la relación de confianza entre ambos sujetos del proceso, se inicia un sondeo sobre el tema o temas, que permite una primera síntesis y esa primera síntesis siempre se le devuelve al educando para pasar a una segunda fase de construcción colectiva del conocimiento.
Si se trata de alfabetizar hay que explorar primero el mundo de significados del alfabetizando/a, para partir de los temas generadores. Si se trata de jóvenes igual, aunque el objetivo sea alfabetizarles en el plano social, introduciéndoles al pensamiento crítico, enseñándoles a detenerse en los conceptos y a preguntarse: ¿Por qué me socializaron con estas ideas?
En esos por qué está el corazón de la metodología Freiriana, pero de ello hablaremos en el próximo artículo.

