En un trabajo anterior, le plantee al Dr. Leonel Fernández, Presidente de la República, la conveniencia de que mantuviera un mayor acercamiento físico con la población, principalmente con los sectores de clase media baja y pobre de la sociedad.
Mi sugerencia pudo haber sido considerada como demagógica o tal vez innecesaria, por algunos. El impacto y los efectos inmediatos de la visita hecha por el Jefe del Estado al Municipio de Bonao, a propósito del despido masivo de 900 trabajadores de la Falconbridge, viene a demostrar que nuestra iniciativa es saludable y políticamente redituable.
Con ello no queremos decir, que la visita presidencial per se, ha satisfecho automáticamente las necesidades de los trabajadores cesanteados. Pero la presencia del Presidente de la República, en el lugar del conflicto, le devuelve un poco de tranquilidad a esa comunidad, y a los obreros les hace renacer la esperanza y la seguridad de que no están solos, porque cuentan con la compañía del Presidente de la República.
Las promesas que le hizo el Dr. Leonel Fernández, que van desde pensionar a los enfermos y más viejos, hasta buscarles colocación a otros, han sido muy bien recibidas por el Sindicato que les agrupa. Es imprescindible, que el gobierno aunque sea en forma gradual, cumpla efectivamente con este ofrecimiento.
No hay que olvidar, que el Presidencialismo es una de las características del régimen democrático. El Presidente de la República, entre los dominicanos tiene una imagen de poder y de opulencia, comparable en otra dimensión con la omnipotencia divina. Y no es algo exclusivo del Dr. Leonel Fernández, ha sucedido lo mismo, con Trujillo, Balaguer, Bosch, Hipólito, y con todos los que han ocupado el solio presidencial.
Se podría argüir, que el Presidente, sin violar el principio de la impenetrabilidad, no puede estar al mismo tiempo en todas partes. Eso es verdad, como también es verdad, que no tiene a manos la solución de los miles y tantos problemas que sufre la población. De lo que no cabe duda es, que la persona y la presencia del Presidente de la República, en todos los tiempos, provoca y genera un sentimiento muy especial, que puede ir mas allá de lo que permite el tacto y la observación.
La representatividad a lo que se refiere el art. 119 de la Constitución de la República, es un concepto demasiado formal, y hay que revitalizarlo con la viva presencia del Presidente de la República.
Más adelante, cuando las instituciones se fortalezcan, posiblemente la incidencia del Presidente no será tan necesaria. Mientras tanto el Presidencialismo continuara siendo decisivo y determinante.

