Lo más fácil es restarle valor a las posibilidades de la juventud, quitarle poder al espíritu juvenil. Pero hay que mantenerles las oportunidades a los jóvenes, aunque fracasen una y otra vez. El fracaso tiene que contribuir con reflexiones hacia cambios, evolución, nuevas rutas. Es tropezar para levantar el pie, jamás tropezar por el gusto de hacerlo.
Luego, condenar la lucha estudiantil o descalificarla es y será siempre injusto. La rebeldía ni siquiera en la vejez deberíamos perderla o renunciar de ello. Y dirijo la atención a la historia del movimiento estudiantil en cualquier parte del mundo. Nosotros no somos la excepción ni en la secundaria ni en las universidades, aun con sus huellas dejadas por la militancia política.
Hay que reivindicar las organizaciones estudiantiles en las escuelas y universidades, pero desde otra perspectiva. La idea de co-gobiernos o cogestión en la dirección estratégica de la docencia es un pleno ejercicio que daría y está en condiciones de dar resultados importantes. Lo que históricamente afectó la imagen y el destino de la fuerza estudiantil fue su instrumentalización por las organizaciones políticas para pujar en dirección nunca académica.
Hay que seguir apostando al buen entendimiento con la fuerza estudiantil para las mejoras de la metodología y contenidos docentes. La universidad estatal es una muestra de lo bueno y lo malo, de los hechos positivos y de las consecuencias fatales de la participación de los partidos políticos, y esto último me atrevo a decirlo hoy, al paso de los años. Quizás con el calor del pasado nunca lo diría ni me hubiese interesado en pensarlo.
¿Cómo re-direccionar nuestras escuelas, la calidad de la enseñanza, la conducta en nuestras aulas sin la participación de los estudiantes?
Valdría la pena intentarlo. Valdría la pena abrirles las puertas nuevamente a los estudiantes con la idea de provocar una nueva escuela, un nuevo concepto y prácticas universitarias respecto a nuestro pasado y de cara al futuro más inmediato.
Hay que devolverle a la juventud y la fuerza estudiantil su poder de cambio, su posibilidad de contribuir con los cambios, con las transformaciones necesarias en estos tiempos.
En lo que hemos fallado, superémonos. Son las agendas las que tenemos que tenerlas claras para alcanzar los frutos deseados. Las agendas. Un compromiso con las buenas prácticas.

