Opinión

La globalización

La globalización

Orlando Gomez

Odiado por los extremos de la izquierda y la derecha, el fenómeno de la globalización está demostrando tener una fortaleza en el subconsciente de los pueblos que ni el más fervoroso clamor populista ha podido resquebrajar. Si bien la idea en papel de un mundo globalizado pudiera crear aversión en muchos, los beneficios del día a día que provee ese proceso ha demostrado ser demasiado atractivo como para que las personas acepten renunciar a ellos.

La globalización como hoy la conocemos empezó en 1870 por los avances tecnológicos en el transporte, como el barco y el tren de vapor, impulsando el intercambio comercial entre naciones a niveles sin precedentes hasta su interrupción en 1914 por la Primera Guerra Mundial. El proceso reinició en 1947 con el Acuerdo General de Comercio y Aranceles (GATT por sus siglas en inglés) y se ha mantenido casi inamovible desde entonces.

El fenómeno tiende a molestar a los extremos políticos por diversas razones, desde la inherente sospecha contra el libre comercio por parte de la extrema izquierda, a la supuesta degradación de la soberanía como lo ve la extrema derecha. Estos temores, infundados, han sido muy útiles slogans políticos en las últimas dos décadas para impulsar candidaturas populistas hacia el poder con un marcado éxito.

Sin embargo, el éxito político del discurso anti-globalizador no ha podido detener el proceso. El fenómeno molesta los extremos políticos desde la sospecha contra el libre comercio a la degradación de la soberanía
La realidad es que gracias a la globalización la humanidad ha alcanzado un nivel de bienestar sin precedentes en su historia. La pobreza extrema sigue en camino a su erradicación, la desnutrición está en su nivel histórico más bajo, la esperanza de vida ha aumentado drásticamente a nivel mundial, las muertes por conflictos bélicos están en su punto más bajo desde que como humanos lleváramos conteos, etc., y todo esto en gran medida impulsado por la globalización.

Desde Venezuela y Rusia a Estados Unidos y el Reino Unido los temores frente a la globalización han dado un fuerte espaldarazo político al populismo que le detesta, pero cuando entramos a la práctica y los efectos de las medidas anti-globalizadoras se hacen palpables, los gobiernos se han visto en la obligación de replantear su curso o enfrentar la molestia de sus ciudadanos.

La tecnología barata, la medicina efectiva y asequible, los alimentos abundantes y a buen precio, los trabajos que nos sostienen, todo lo que nos rodea en el mundo en el que hoy vivimos, es y ha sido posible gracias a la globalización. Dar marcha atrás es condenar a los países al atraso y el subdesarrollo.

Hace un tiempo me preocupaba que la politiquería pudiera revertir el proceso por el único afán de obtener votos y mantener el poder, pero ver como las necesidades personales de los ciudadanos han venido obligando al fervor político a aterrizar a la realidad en esta última gran ola populista, debo reconocer que me siento más tranquilo sabiendo que la globalización continuará por encima de lo que un grupito piense o deje de pensar.

El Nacional

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