“La gloria política, la más efímera y la más deleznable de todas las glorias humanas, se conquista a raíz de muchas injusticias, de muchas incomprensiones y de muchos peligros, inclusive el de la traición artera y la emboscada alevosa”. Así describió la gloria política uno de los estadistas más pragmáticos de la Republica Dominicana, Joaquín Balaguer, quien más que nadie dada su dilatada carrera conoció la magia seductora del poder, sus luces, sombras y desengaños.
El poder político y sus mieles seductoras se alcanza a muy alto precio y sacrificios, generalmente sus protagonistas abanderados de buenas intenciones, idealistas y auténticos que luego de saborear el poder y sus realidades se vuelven víctimas de una especie de afrodisiaco existencial que potencializa sus deseos de perpetuarse porque entienden que a su obra aun inconclusa le queda mucho por hacer.
No juzgamos ni condenamos esta realidad, pues ciertamente cuando se ejecuta una obra de gobierno seria y con visión de futuro es traumático para el país cambiar su ritmo de empuje, pero no menos cierto es que como aspirantes a vivir en una democracia que vaya a la par con su desarrollo, necesitamos promover y velar por un estado donde se respeten las reglas democráticas. Sin ninguna afiliación política actual a pesar de que tuvimos el privilegio de servir por 3 años en la Embajada Dominicana ante la OEA y luego ante la Casa Blanca a principios de los 90’s en Washington, DC, vemos nuestra actualidad politica con preocupación.
La pugna interna del partido oficial merece que sus autores demuestren que sus diferencias políticas partidarias y personales no están por encima del interés nacional ni están al servicio del ego y la gloria personal.
Nuestro país necesita signos y señales de madurez política, de que somos realmente aspirantes a una democracia adulta donde el relevo de los liderazgos sea algo normal y aceptado, así como es en la democracia de nuestro hermano mayor los Estados Unidos.
No tenemos en lo partidario cartas en este asunto, pero si nos duele nuestro país y su democracia labrada a sangre y fuego, y entendemos que lo más sensato en esta encrucijada del partido oficial dado que puede repercutir hasta en nuestra economía y su estabilidad , es considerar darle paso a una nueva figura consensuada que represente ambos bloques enfrentados y sobretodo que encarne los ideales de su fundador, prócer y líder Juan Bosch en cuanto a la moralidad, que defienda nuestra soberanía ante el grave tema Haitiano, que vele por nuestra frontera y que sea centinela del endeudamiento externo.
Ese es un llamado a la cordura de los diferentes actores políticos para que lejos de ser seducidos por el poder, la gloria política y el grupismo sean signatarios primero del interés nacional, denuestra democracia y de sus instituciones.

