El discurso de rendición de cuentas del presidente Danilo Medina, el 27 de febrero, ante la Asamblea Nacional, ha obtenido una valoración favorable ante los más diversos sectores de la colectividad nacional. Y la opinión ha sido positiva sin realizar grandes cosas.
Al pasar balance de su gestión de seis meses, el presidente Medina nos metió una reforma tributaria que ha disparado los costos de bienes y servicios. Y los precios de los combustibles, que suben todas las semanas, se tornan inalcanzables.
Su discurso se basó en pormenores de realizaciones en áreas que son importantes, pero no trascendentes. Lo más relevante de sus medidas, en lo que lleva de gobierno, descansa en el 4% del Producto Interno Bruto otorgado al sector educativo a través del Presupuesto Nacional.
La parte que más satisfizo a la gente, en su alocución de casi dos horas, fue el anuncio de revisión del contrato con la Barrick Gold, por el carácter nacionalista y populista. Habría, sin embargo, que esperar si los resultados terminan beneficiando a la población, por lo menos a la de Pueblo Viejo.
Mientras tanto, Danilo Medina en estos momentos, es el político mejor valorado, pese a que tuvo un flojo arranque gubernamental, al no tomar iniciativa judicial en contra de los funcionarios corruptos de la pasada gestión, muchos de los cuales fueron ratificados en su gabinete.
Estimo que la popularidad de Danilo es real. Inclusive entre segmentos que no le favorecieron con el sufragio el pasado 20 de mayo. La razón podría estar en el estilo sincero y humilde que oferta, que contrasta con la de su antecesor, un príncipe infalible y narcisista, para no decir otras cosas peores.

