Cuando hablamos con sinceridad acerca de la inequidad, nos referimos claramente a la injusticia, puesto que ella, perversidad a todas luces, ha de ser condenada por todos.
Resulta que la injusticia, la cual existe desde los tiempos de la antigüedad, no es más que el actuar del lado opuesto de la justicia.
Así de simple. Un suceso injusto lo observamos cuando unos pocos disfrutan de los privilegios odiosos que la inmensa mayoría de la población jamás podrá obtener.
Lo correcto y humano sería buscar y alcanzar un equilibrio, una balanza que nos sirva para pesar la carga en donde los más pobres no se conviertan en los protagonistas del terrible e insufrible drama humano de tener que pasar el resto de sus vidas recogiendo las migajas que otros van tirando en el camino.
Inequidad significa exclusión, marginalidad y abuso.
Definición que nos recuerda entonces que cuando nos comportamos de manera justa nos colocamos al lado de la justicia, de los que menos tienen; al lado de aquéllos cuyas condiciones materiales de existencia presentan un cuadro paupérrimo.
Es decir, que hacemos un acto de justicia cuando repartimos equitativamente lo que tenemos; sin privilegios que empañen la correcta acción de un individuo, de una empresa o de un Gobierno.
La inequidad social genera pobreza.
Y la pobreza, en buena sociología, es un fenómeno social que obstaculiza el desarrollo y el crecimiento de los seres humanos y de los países pobres, como lo es el nuestro.
La inequidad social tiende a echar a un lado las capacidades y oportunidades de las personas; ella pone fácilmente en aprieto el avance de las políticas sociales de un Gobierno.
Eso es enteramente cierto. Por ello, todos los gobiernos democráticos, de mostrada sensibilidad social, colocan en sus agendas prioritarias la lucha y el combate decidido en contra del auge de la inequidad social.
De hecho, el gobierno que recién marcha, del licenciado Danilo Medina, se ha comprometido a enfrentar este mal, de carácter socioeconómico, que por siglos viene dando muestras inequívocas de su permanencia en esta sociedad.
Gracias a Dios, tenemos un presidente con una gran sensibilidad social y humana. Seguro estamos que se ha de estar diseñando todo un plan para desarrollar acciones y políticas que vayan directamente al rescate de los menos pudientes.

