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La lechera y el cántaro

La lechera y el cántaro

Alicia. Una joven granjera, se dirigía a la ciudad.

Hacía muy buen tiempo. Iba a vender leche y caminaba muy erguida con cántaro colocado sobre la almohadilla que llevaba en la cabeza.

Mientras caminaba, pensaba en todo el dinero que la venta de la leche proporcionaría, podría comprar un centenar de huevos, mandarlos a empollar y tener gallinas que, a su vez, se convertirían en gallinas ponedoras; luego podría vender los huevos.

También tendrían pollos y los cuidaría en el corral de su casa, dónde podrían correr a sus anchas para que su carne fuera la mejor.

Así, los vendería más caros. ¿Qué  podría comprar, después, con sus ganancias?

Un cerdo no resulta muy caro de alimentar, se conforma con el resto de la comida, pensaba Alicia.

Cuando esté gordo, lo venderé para comprar una vaca y un becerro, y los veré saltar por la hierba.

Al llegar a este punto Alicia saltó también y…. Se le cayó la leche.

¡Adiós becerro, vaca, cerdo, pollos! La granjera, al ver desperdiciada su fortuna de esta forma, regresó muy triste a la granja y su marido se enfadó mucho con ella.

No es prudente hacer demasiados proyectos. No siempre es bueno soñar despierto.

El Nacional

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