Si el capital no fluye a través del campo social deja de ser capital. Es solo gracias a este flujo que el capitalismo es capaz de proveer los bienes necesarios para la vida moderna. Si el flujo se detiene entramos en un periodo de crisis en que la vida diaria no puede continuar en la forma acostumbrada.
En la primavera del 2009 el Fondo Monetario Internacional estimó que más de 50 trillones del valor de activos del mundo, equivalente a la producción anual de bienes y servicios de todos los países del mundo, habían sido destruidos y el Banco Mundial predijo el primer año de crecimiento negativo desde 1945. Esta es la crisis de todas las crisis en la que todavía estamos metidos.
Es la culminación de la crisis del modelo financiero que hemos visto desde los 70s y que se repite a comienzos de los 80s en Japón, el 82 en México, el 97 y 98 en el sur este de Asia y Rusia, el 2001 en Argentina y Estados Unidos con la caída de WorldCom y Enron. Desde los 73s ha habido cientos de crisis alrededor del mundo en contraste con las pocas que hubo entre el 45 y el 73. Lo que hoy experimentamos no es nada nuevo. Es solo que ahora su magnitud amenaza con el colapso de la economía mundial ¿Es esta amenaza suficiente para señalar el fin del libre mercado neoliberal como modelo económico dominante?
El neoliberalismo es un término bastante impreciso. La mejor forma de entenderlo es como un proyecto de clase que surge como respuesta a la crisis de los 70s. Detrás de la retórica de la libertad y responsabilidad individual, de las virtudes de la privatización y del libre comercio lo que el modelo en realidad buscaba era legitimar políticas represivas destinadas a restablecer y asegurar el poder de la clase capitalista. La increíble concentración de riquezas y poder que podemos observar a través de todo el mundo es una clara indicación de que el proyecto ha sido un éxito. Excepto por un detalle: si la riqueza se concentra en un lugar es porque desaparece en otro.
A finales de los 60s, como indica David Harvey, una de las mayores limitaciones en sostener la acumulación capitalista y consolidar el poder de la clase capitalista era la escasez de mano de obra y la influencia política de las organizaciones sindicales.
El capital necesita acceso a una mano de obra barata y dócil y hay varias maneras de lograr esto. Así, por ejemplo, si la inmigración y la introducción de nuevas tecnologías no eran suficientes, Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Augusto Pinochet estaban a la espera listos para usar el poder estatal y aplastar las organizaciones laborales. Reagan inicia el ataque en contra de la unión de los air traffic controler, Thatcher en contra de los mineros y la unión de impresores y Pinochet y los generales de Brasil y Argentina usaron el poder militar para asesinar y eliminar el movimiento laboral e imponer el neoliberalismo.
El consejero económico de Thatcher, Alan Budd, lo admitió con claridad meridiana al decir que las políticas de los 80s de control de la inflación y la reducción del gasto público eran la excusa para golpear a los trabajadores y demoler el poder laboral para aumentar las ganancias. (Mediaisla).
