La historia cuenta que en el año 63 antes de Cristo, César fue elegido pontífice máximo de la Religión Romana, lo que le daba el derecho de vivir en la Domus Pública o Residencia Oficial de la Vía Sacra.
En esta casa, Pompeya, su esposa, tomó como costumbre la celebración de las fiestas de la Buena Diosa, a las que ningún hombre tenía derecho de asistir.
Sin embargo, un joven patricio, Publio Clodio Pulcro, consiguió introducirse en la casa, disfrazado de mujer, aparentemente con el propósito de seducir a Pompeya. Fue desenmascarado y perseguido por profanación. César no aportó ninguna prueba contra Clodio durante el juicio, y éste fue absuelto. A pesar de eso, César se divorció de Pompeya, aduciendo: “Mi esposa debe estar por encima de toda sospecha”. La Cita de César ha pasado a ser famosa con la siguiente interpretación: “La esposa del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo”.
La historia viene a colación a propósito del caso del senador Felix Bautista y la lluvia de demandas interpuestas en contra de todo el que cometa el pecado de mencionar su “sagrado nombre” (las comillas son por aquello de que muchos no creen que sea así).
En mi trayectoria periodística, que por cierto inicié sin canas, aprendí que la percepción es más fuerte que la verdad y que de no ser desmontada de forma sabia, acaba siempre por convertirse en una verdad irrevocable. Como redactor de asuntos judiciales he visto a muchos inocentes condenados por culpa de la percepción. También he visto a muchos que han sido absueltos, porque de manera sabia se han encargado de desmontar la percepción con la verdad.
Someter a periodistas, señor senador, y no lo digo porque soy periodista, no es de sabios. Los periodistas vivimos de escribir y de la palabra, lo que equivale a decir profesionales de la comunicación.
Aquí ocurre igual, “la esposa del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo”.
Silvio Cabrera
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