La anomia social o global que ha venido experimentando la Organización de las Naciones Unidas en las últimas décadas como organismo encargado del mantenimiento de la Paz mundial entre los 193 Estados que la conforman, ha creado la percepción en la comunidad internacional de que se carece de un interlocutor válido para dirimir sus conflictos y diferencias.
El papel cada vez más cuestionado de la ONU ante los conflictos internacionales a escala mundial han llevado al ánimo colectivo la interrogante de que esa prestigiosa organización fundada después de la Segunda Guerra Mundial -1939-1945 haya perdido su rol esencial para lo cual fue concebida.
Hay que decir, con cierto grado de dolor, que en los últimos años muchas de las resoluciones y decisiones que han emanado de ese organismo para la mediación y solución de un conflicto internacional han estado apegadas al formalismo legal que indica el derecho internacional, sin embargo, su cumplimiento y aplicación es parcialmente burlado sino completamente.
Esta percepción ha sido fortalecida por la concepción geoestratégica de los responsables de la política exterior estadunidense, – que entienden – que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) deberá ir desplazando a las Naciones Unidas del eje de la concertación internacional.
Es convencimiento de numerosos analistas internacionales que el máximo organismo global, supranacional, deberá ser, conforme a dicha visión, la estructura militar que supedite los intereses políticos a las grandes decisiones geoestratégicas tomadas en los circuitos superiores de la Casa Blanca y el Pentágono.
Lejos de los objetivos estratégicos para lo cual fue creada la OTAN los cuales consistían en garantizar la libertad y la seguridad de todos sus miembros por medios políticos y militares, su papel ha sido extendido y, esto es fruto del debilitamiento de la ONU en defender los valores que le dieron origen como son el respeto a la democracia, los derechos humanos, el estado de derecho y, el contribuir a la paz mundial.
Esta situación de anomia social en que se encuentra sometida la comunidad internacional debe plantear un debate franco y abierto sobre el nuevo papel de la ONU hacia el siglo XXI en el nuevo orden mundial, porque esta organización corre la suerte de la Sociedad de Naciones.
De no producirse un dialogo sincero y despojado de egos y macro egos sobre la redefinición del papel de la ONU en el contexto mundial actual, la humanidad podría ser conducida- y no exagero- por esta visión militarista en manos de la OTAN al colapso de la civilización cristiana.
Sólo hay que dar una mirada y hacer un repaso de los más recientes acontecimientos internacionales que se ven en Europa, Medio Oriente y América en donde las violaciones al derecho internacional y el incumplimiento a las resoluciones emitidas por la ONU transcurren ante los ojos de los actores internacionales como quien ve llover . Esto es peligroso.
La ONU
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) es la mayor organización internacional existente. Se define como una asociación de gobierno global que facilita la cooperación en asuntos como el Derecho Internacional, la paz y seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos.
La idea de la ONU fue elaborada en la declaración emitida en la Conferencia de Yalta celebrada por los aliados en Febrero de 1945. Allí el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt sugirió el nombre de Naciones Unidas.
La ONU posee 193 Estados miembros, prácticamente todos los países soberanos reconocidos internacionalmente. Hay excepciones como la Santa Sede, que tiene calidad de observador.
La OTAN
El significado de OTAN es la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la cual es conocida en inglés como NATO. E l fin de esta entidad es el de garantizar la seguridad de los países miembros y el tratado al cual se hace alusión fue firmado en Washington, el 4 de abril de 1949. Las dependencias de esta organización se encuentran ubicadas en Bruselas, Bélgica.
La OTAN fue creada para defender a los países miembros de la Unión Soviética, aunque en forma implícita, sólo mencionando que un ataque a un país miembro sería interpretado como un ataque al conglomerado.

