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La oreja de Holyfield

La oreja de Holyfield

Elvis Valoy

Dos orejas son famosas en la historia: La del pintor Vicent Van Gogh, inmortalizada después de sostener una reyerta entre homosexuales, disfrazada de amor hacia una prostituta, y la del pugilista Evander Holyfield.

El ascenso social por la vía institucional siempre ha sido objeto de reconocimiento en la sociedad norteamericana. Una persona que utiliza los caminos incuestionables para alcanzar metas de progreso se convierte hasta en ejemplo a seguir en Estados Unidos.
El American Dream, categoría “mágica” que mueve a cientos de millones de seres humanos detrás de propósitos, está consensuado en la cultura norteamericana.

Inspirado a partir de los libros del pastor Horatio Alger, esta condición del ethos estadounidense se refiere a la persecución de “sueños”, los cuales en base al trabajo, el esfuerzo y la superación personal, son a la postre, recompensados.

Alguien que suba a un cuadrilátero a intercambiar golpes, y que en base a esa faena logre acumular una fortuna, es digno de admiración. Pero si esa riqueza se esfuma como agua de cerrajas, entonces dicho sueño se convierte en un trampantojo.

El boxeador de peso pesado Evander Holyfield se inmortalizó en esa disciplina a raíz de su pelea con Mike Tyson el 28 de junio de 1997, en la cual este último, fuertemente drogado, le mordió una oreja. En el cenit de su carrera, Holyfield acumuló un patrimonio que superó los 250 millones de dólares, honradamente adquiridos en el deporte de las narices chatas.

Hoy, Holyfield con 58 años de edad, y prácticamente en el otoño de su existencia, sin posibilidad de que “el tren vuelva a pasar”, se declara en bancarrota.

Por: Elvis Valoy
elvis.valoy@gmail

El Nacional

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