Opinión

La paridad

La paridad

Una de las cosas que  le agradecí a la embajadora Carmen Moreno, secretaria ejecutiva de la CIM,  además de su  (como se estila cuando una mujer accede a candidaturas importantes en el plano político) cálida carta de felicitación cuando fui elegida como candidata vicepresidencial de Alianza País, fue el haber armado un panel en el Segundo Foro Hemisférico Ciudadanía Plena de las Mujeres para La Democracia, sobre la Paridad.

Chapoteando, como estamos, con  la aplicación de una cuota de 33 por ciento para la representación de las mujeres, las ponencias de las representantes de Ecuador, Costa Rica y Bolivia fueron  una lección de cómo se hace política para y con la mujer, cuando trascendemos el ámbito de lo clientelar y de lo que se interpreta como lealtades partidarias, camisa de fuerza de muchísimas dirigentes.

Quien inició el panel fue Isabel Torres,  de Costa Rica, quien planteó que en su país el punto  de partida,  era  pasar de la igualdad jurídica a la igualdad real, en una nación,  donde existe discriminación de género.

En Costa Rica el reto era la inclusión de todos los intereses sociales, reconociendo la pluralidad, diversidad y autonomía de la población femenina, ya que la división territorial obviaba la diferencia social; y eliminar la subrepresentación femenina en una cuota establecida de un 40%.

Con siete Provincias y 57 Diputaciones Regionales, 81 Municipalidades y 473 Distritos, las costarricenses comprendieron que la Ley de Cuotas no se aplicaba de manera equitativa porque a las mujeres, al igual que aquí, se les colocaba al final de las listas.  En ese sentido, aunque la cuota abría el camino a la paridad, faltaba la definición de la participación política por género,  por lo que modificaron el Código Electoral en el 2009 para que fuera inclusivo del lenguage no sexista, cambiando la cuota de un 40 a la paridad.

¿Paridad en qué?  En los puestos de elección popular, y además mediante la alternancia a todo nivel.  Esto podría haberse quedado en una simple declaración si no fuera porque paralelo a la Paridad se creó un sistema de sanciones a los Partidos que no cumplen con la paridad alterna, a los cuales NO SE LES PERMITE INSCRIBIRSE en la JCE si no presentan planchas paritarias y si no demuestran la capacitación partidaria, mediante acta legalizada de capacitación, de las mujeres.

Estas reformas se iniciaron en el 2001, siguieron en el 2006 con la Ley de Paridad y Alternancia, y continuaron en el 2010, con la aplicación de la paridad a nivel municipal.  ¿Cómo se logró esto?  De ello hablaremos en otras entregas.

El Nacional

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