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La pobreza dominicana vista  por la Corona de España

La pobreza dominicana vista  por la Corona de España

POR RAFAEL TOMÁS JAIME
Por las cifras macroeconómicas enarboladas por las autoridades monetarias, rectoras del Sistema Financiero, y el Gobierno, República Dominicana es vendida en el mundo como una de las naciones latinoamericanas y caribeñas entre las de mayor crecimiento económico y con los niveles más bajos de inflación.

Paradójicamente al descrecimiento que ha registrado la economía durante dos años consecutivos (2007 y 2008), con un Producto Interno Bruto de 5.6 del último año frente a un 8,9% del primero, se persiste en vender la idea a los dominicanos, a los organismos financieros internacionales, a los inversionistas y al mundo, de que la Dominicana es una economía “blindada” a los efectos de la crisis que abate a Estados Unidos, Europa y parte de Asia.

Pero no sólo los dominicanos han despertado de la ceguera y de falta a la verdad, pues los europeos y cooperantes extranjeros no creen en las cifras dadas por el Gobierno y, ante las dudas, han preferido contactar en el terreno la realidad dominicana.

¿Cuál es esta realidad? Millones de familias en condiciones de extremas pobrezas que habitan no sólo las zonas rurales, sino en el mismo centro de la ciudad capital y sus barrios periféricos en el  Gran Santo Domingo, Provincia que incluye el Distrito Nacional y los municipios Santo Domingo Este, Santo Domingo Norte, Santo Domingo Oeste, Los Alcarrizos y Pedro Brand.

Son millones de personas que viven en casuchas, construidas de cartones, zinc, hojalatas y madera vieja, bajo muy precarias condiciones sanitarias y de hacinamiento, expuestas a la contaminación ambiental y a las inundaciones de ríos, arroyos y cañadas.

Las cifras macroeconómicas no han podido esconder la realidad que percibieron los gobiernos de otras naciones al paso por el país de los fenómenos naturales Olga y Noel a finales del 2007 y principios de 2008, cuyas lluvias y vientos tuvieron efectos devastadores en la Agricultura, el sector Turismo y la agroindustria, a la vez que produjeron decenas de muertos y cientos de familias que perdieron sus casas por el desbordamiento de ríos e inundaciones.

Todavía el país no se ha recuperado totalmente de esos daños, aunque la economía sigue su ritmo. Los efectos de esos fenómenos sumieron en un mayor nivel de pobreza a miles de familias, además de las que quedaron enlutadas por la pérdida de seres queridos o de sus bienes, o que aun siguen sufriendo problemas de salud.

El contraste con esa grave situación, el Gobierno ejecuta o proyecta ejecutar escasas obras de relumbrón para el presidente catapultarse en la historia como “un constructor” e insistir en vender la falsa percepción sobre nuestra economía y el desarrollo del país.

Pero, “a otro perro con ese hueso”, como dice el refrán dominicano.

Los europeos quieren continuar cooperando con el desarrollo de República Dominicana, sin embargo, no lo harán cegados por las cifras macroeconómicas, prefieren contactar directamente la triste realidad dominicana.

Con esos fines, durante su visita al país, del 18 al 21 de enero pasado, la reina Sofía de España fue a los barrios Villas Agrícolas y Vietnam, en la Capital, y a una apartada localidad de San Cristóbal, donde se desarrollan proyectos de cooperación financiados por instituciones municipales y empresas de esa nación europea.

No le importó el lodazal de las proximidades del Mercado Nuevo, en Villas Agrícolas, donde visitó una escuela regenteada por Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús y María y que fue construida con aportes de la Agencia de Cooperación Internacional de la Embajada de España y por inversiones españoles. Allí compartió con niños y madres humildes de ese sector paupérrimo, interesándose por sus condiciones sociales y económicas.

Contrario a como se esperaba, acudió al lugar en una minibús de su seguridad personal, no en las lujosas yipetas que les fueron asignadas, en demostración de su humildad como ser humano.

Un día después, una hora antes de reunirse con el presidente Leonel Fernández en el Palacio Nacional, visitó los sectores Las Latas y La Barquita, a orillas del río Ozama, en Los Mina, y abrazó a madres adolescentes, envejecientes y niños con escasos meses de nacidos que viven entre lodazales, callejones y casuchas construidas de cartones, hojalatas y madera vieja, muchas de las cuales se resistían a caer, sostenidas sólo por algunos palos y el calor humano.

En esos sectores se realizan varios proyectos con la cooperación española en los sectores salud y educación e créditos a microempresarias, que oscilan entre cinco y siete mil pesos, con tasas de interés de un 2.8% mensual. Con los recursos recibidos éstas desarrollan pequeños negocios y talleres, con los cuales ganan escasamente el sustento familiar.

También la cooperación española incluye la construcción de escalones, para facilitar el acceso al sector Las Latas, en la parte baja del barrio Vietnam, y el financiamiento para la reconstrucción de viviendas.

A la reina de España no se le pudo esconder la realidad. La Palpó por sí misma. Pudo establecer la diferencia entre las cifras macroeconómicas y la triste realidad en torno al bufonado crecimiento de nuestra economía, la inequidad en el uso e inversión de los recursos recibidos por el Estado, el desequilibrio social y el ensanchamiento de la pobreza.

Sabía que iba al Palacio de la Presidencia, donde estaría rodeada de una realidad diferente: Oro, mármol, maderas preciosas, lujos propios de un palacio presidencial y las oficinas de sus funcionarios y una alta seguridad.

La realeza española constató que las cifras económicas están confeccionadas para hacer percibir al ciudadano y al mundo un panorama social muy diferente a la realidad social.

El Nacional

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