Al momento de preparar esta entrevista sentí algunas dudas. Temí a la reacción que le podría provocar el cuestionario al poeta Gris tal vez porque las preguntas son muy personales o porque no estuvieran al nivel de reflexión que caracteriza al autor de Las Voces, Voy Hacia mi Casa y Aniversario.
Además de que algunos escritores, amigos comunes, me informaron que a lo mejor Pedro no respondería, porque, según ellos, a los poetas y pensadores de la categoría de Gris no les complacen las entrevistas.
Después de algunos días, grata sorpresa, llegaron sus respuestas acompañada de esta nota: Saludos Arelis, por fin he podido cumplir con el compromiso, para mí placentero y puntual, de responderte a todas tus preguntas.
Cuanto la tuve en mis manos la leí varias veces y sentí el deseo de compartirla con mucha gente, porque raras veces un periodista tiene la oportunidad de obtener respuestas tan sinceras y con tan alto nivel reflexivo en una entrevista.
En la introducción de su libro de poesía Las Voces usted inicia diciendo Han transcurrido 20 años desde que escribí este libro, lo cual tiene poca importancia ¿Porqué hace esta especificación?
Si en la obra de arte las intuiciones son defectuosas o insuficientes, ¿qué importa que hayan pasado 20 años?, y si por el contrario alcanzan el nivel excelso y gratuito de lo poético, entonces tampoco importa que hayan transcurrido 20 años. A eso me refería, al tiempo poético.
El tiempo no transcurre de manera regular para los fines artísticos. Con frecuencia decimos esto como cliché, pero no transcurre.
El arte, la poesía en particular, revela verdades de vida, certezas vivenciales depositadas en nuestra conciencia a manera de material neutro que en terrible acto de sumersión llamado y rechazado de muchas maneras: inspiración, arrebato, sub-conciencia, revelación, transformamos, iluminamos o alumbramos reorganizándolo bajo un tipo de verdad que como tal se presenta por primera vez ante nuestra más íntima comprensión a manera de expresión particularizada, digamos con mayor y aparente sencillez, a manera de intuición.
Toda gran obra de arte quizás consista en una sucesión de intuiciones o verdades de vida cuya suma total, cuando es arte superior, satura significaciones que ascienden, en lo que sin duda es un salto, una sucesión interrumpida y súbitamente iluminada, a la condición poética.
Si te digo, y quisiera dejarlo testimoniado, que habían transcurrido 20 entonces y ahora 30 años cuando confesé mi estado de caída, de abandono de la poesía, mi claudicación ante el arte en procura de la sobrevivencia pero no, tampoco deseo utilizar todas las traiciones que me he infringido a mí mismo a manera de pose trágica, de superficial bohemia intelectual.
Siempre he estado consciente de mis procesos interiores y por ello he registrado desde afuera mis derrumbadas más eso, ¿a quién puede interesarle?
Ah, y si digo que en el arte el tiempo no transcurre de manera regular es porque la intuición, entendida en el más amplio sentido como imagen, resulta prácticamente atemporal.
Que significó para usted Nelson Minaya, ya que tenemos entendido que es el personaje Romanof de su último libro, Aniversario?
Sí, el Romanof era mi maestro espiritual y guía intelectual. Me enseñó a Pensar, afinó mi sensibilidad creadora hasta hacer de ella un estilete. También me condujo al extremo, me colocó justo al borde del acantilado y me enfrentó con mi propio abismo
Nunca me dijo salta ni me empujó, pero no sé qué habría sido de mí, en el desamparo de mi adolescencia, de no haberlo topado en el camino. No puedo especular al respecto.
omos muchas cosas, pero procedemos de una sola historia, somos el fruto de opciones consumadas, como dejo ver en Aniversario.
Su amistad fue una de las mejores cosas que me han sucedido. En plena adolescencia aquel pensador atormentado me empujó hacia la iluminación vital –que quizás nunca habitamos!– Vivimos juntos experiencias en sí mismas poéticas de la realidad. Cada uno bajo su propio techo y circunstancia alcanzó algún nivel místico de fe poética del mundo.
No obstante, al final de su vida, a partir del segundo de sus cuatro intentos de suicidio, diferencias temperamentales, de estados de ánimo y quizás de búsqueda final de identidad, nos habían distanciado cortésmente
Notamos en sus obras una profunda tristeza, ¿Qué acontecimientos sucedieron en su vida que propiciaron esta atmósfera habitada hasta hoy?
Yo vengo de un inmenso sufrimiento social y tal vez traigo sello de origen. Pero no quiero hablar de mi indigencia, de mi iniciación, porque temo andar haciendo proselitismo con tanto dolores y abandonos injustificados de infancia y juventud.
Tampoco deseo exaltar la pobreza como un paraíso invertido. En sentido general, es malo ser pobre, sobre todo indigente, porque la miseria extrema tiende a volvernos resentidos. Nuestra carne sufre, la conciencia se obnubila percibiendo la realidad toda como injusticia y a veces jamás alcanzamos a encontrarnos con nosotros mismos. El trauma de la escasez básica nos cambia a cada rato por toda la vida Indudablemente que la poesía me ha sido terapéutica. He sacado el dolor de mí y lo he guardado en ella.
Pero debo esclarecer, si cabe aquí, que soy un hombre suficientemente feliz, un enamorado de los fenómenos de la tierra que adoptó desde niño al mar por padre y que hizo de la búsqueda de una familia, es decir, de compañía, un objetivo delirante.
Concibo tres tipos de catarsis que han obrado en mí en diferentes grados, la experiencia creadora, la vivencia mística y el éxtasis orgásmico. ¿Qué más podemos pedir? He vivido experiencias de amor que me han salvado! Y si insisto en mis reflexiones sobre la muerte es porque estoy enamorado de la vida y de la familia, amor y vida, dos heridas de las cuales no quiero curarme.
Hablemos de que es para usted la poesía y díganos algunas claves para entender su poesía, notablemente reflexiva y filosófica
Con el tiempo, como suelen decir los que han envejecido, se comprende que toda vivencia trae consigo una zona que no nos es aprovechable en su momento, que toda realidad trascendente presenta regiones, puntos grises o demasiado rutilantes para los cuales estamos ciegos
De hecho, esto pasa en todo momento, en todo lugar, por limitaciones que no se agotan en lo orgánico, es más lo que se pierde que lo que se aprovecha de la vida
De ese punto ciego, del almacén de nuestras vivencias desaprovechadas, proviene la poesía y el arte en general. La poesía resulta en un tipo de aprovechamiento de semejante pérdida. De este depósito saca la conciencia la sabiduría que a manera de verdades de vida coloca en el poema.
La frase verdades de vida proviene de un poema de Cernuda. Desde muy joven y a instancias desconocidas, inicie la búsqueda de las claves o Passport que me abrieran la ventana de comprensión del fenómeno creativo. Sería por azar, leyendo el poema A un Muchacho Andaluz, de Cernuda, hace 30 años, donde descubrí la noción verdades de vida que el genial poeta aplicara a su arrebato de ascendencia erótico-místico, y que yo adopté como definición de la materia básica del poema, las intuiciones: eras tú una verdad, /sola verdad que busco,/ más que verdad de amor, verdad de vida Entendí que era el tipo de verdad vital con el que nos seduce la poesía, verdad de conciencia, certeza de lo intuitivo presente ante el entendimiento automático a manera de imagen de lo subjetivamente cierto
La otra versión, acaso más acorde con la evolución de mi pensamiento actual, es que las verdades de vida obran en el poema a manera de clave, llave o Password que posibilitan a cada quien y de acuerdo a su sensibilidad para manejar su propia carga de vivencias desaprovechadas, abrir y navegar las ventanas Windowsvirtuales de sus propias certezas vividas. Tal es el arte, una clave, una ventana virtual hacia nosotros mismos, un acontecimiento interior.
En torno a posibles claves para arribar a mi libro Aniversario, y aunque parezca un condicionamiento, he descubierto algunas claves: primero, el universo. En mis tres últimos libros, el de Los Saltos, Voy Hacia mi Casa y Aniversario, el Universo, como vecindario despiadado, actúa y altera nuestras viejas percepciones del mundo. La conciencia es la misma, pero la visión es distinta porque la ciencia ha puesto fecha de caducidad a toda la realidad. El miedo es el mismo, pero ahora nos preocupa el otro destino develado, el del universo, que corre despavorido hacia todas partes a la vez llevándonos para siempre en un viaje hacia el futuro, al parecer, irreversible. Surge aquí un problema gnoseológico, fruto de este viaje indetenible, el tiempo, los recuerdos, los apegos, lo conocido, la realidad, todo lo construido, todo lo amado, todo lo vivido, la totalidad de lo que hemos sido, corre hacia lo desconocido eternamente.
He expuesto en Aniversario, de cierto modo, una epistemología del recuerdo y la nostalgia, es decir, del tiempo humano. Y transversal a los problemas universales, la muerte, el tiempo, Dios, el amor, la vejez; la omnipresencia del maestro repitiéndose en el acto eterno de matarse.
Un buen amigo me reveló algo que yo no había percibido, y que a manera de clave de despojo acoto: la ultima enseñanza que me donó el maestro fue el suicidio.

