Opinión

La Policía

La Policía

Desde hace mucho tiempo la Policía Nacional viene siendo objeto de cuestionamiento moral y es una de las instituciones que registra menos credibilidad en los diferentes sectores de la vida nacional. Y parece que el deterioro de su imagen crece sostenidamente.

          Muchos alegarían con cierta razón que su conducta cuestionable es un normal reflejo de la descomposición moral que atraviesa la sociedad, pero ello no es motivo para cruzarnos de brazos, cuando lo aconsejable es abogar por las transformaciones que en diferentes órdenes amerita.

          Esos cambios tienen que producirse si verdaderamente hay la voluntad de reducir la delincuencia a su mínima expresión, porque estamos en presencia de un círculo vicioso, donde la propia Policía es parte del problema, por lo que en el diseño de políticas eficaces para enfrentar la criminalidad habría  que empezar por el adecentamiento de los uniformados.

          Ese adecentamiento requiere “la baja” de centenares de oficiales y alistados, el reclutamiento de jóvenes bachilleres  y sueldos decentes. Después, hablemos de equipos y tecnologías modernas para combatir  el crimen organizado.

          En  las distorsiones conductuales exhibidas por la Policía se suele culpar al jefe de turno. El problema no es de persona, porque a fin de cuentas casi todos aplican la misma política y bien se sabe cómo, en término económico, salen del cargo. Naturalmente, no está demás que se contemple la posibilidad de que esa institución sea dirigida por un civil.

          El doctor Franklin Almeyda, secretario de Interior y Policía, podría  dirigir a “la uniformada”. Es un hombre a quien se le atribuye ser rígido y de mucha autoridad. También está el doctor Marino Vinicio Castillo. Son personas con las que usted podrá estar o no de acuerdo, pero no las imagino prestarse para asuntos que, se especula, ocurren en la Policía Nacional. 

El Nacional

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