Hace 32 años, junto a Cristhian Jiménez, inicié mi labor de comunicador social arrastrado por la política. Antes, junto a compañeros de la Línea Roja del 14 de Junio y de la Unión Patriótica (UPA), escribía octavillas y artículos en periódicos de izquierda. Con seudónimo, escribí en La Noticia: Línea Roja y las elecciones, en 1977. En ese momento de fervor revolucionario, pensé que aportaría más en la comunicación. No me arrepiento. Un grupo de veteranos periodistas fueron paradigmas de los jóvenes como yo: Orlando Martínez, Radhamés Gómez Pepín, Juan Bolívar Díaz, Juan José Ayuso, Mario Álvarez Dugan, Pedro Caba, Ramón Colombo, Huchi Lora, Kbito Gautreaux, Bienvenido Álvarez Vega, los hermanos Herasme Peña, Eulalio Almonte y Margarita Cordero. Recuerdo al profesor Francisco Comarazamy: Lean lo que sea, hasta novelas de vaqueros. Y comencé a leer a Marcial Lafuente.
El periodismo vivía una hermosa época. El sentido profesional, ético, moral, era muy alto. Los sinvergüenzas eran menos. Después de la revolución de abril, donde se hizo periodismo de vanguardia, llegó Balaguer. Una parte de los comunicadores enfrentó la dictadura yanqui-balaguerista desafiando la muerte. Más de uno, como Orlando, pagó con su vida. Como dijo José Martí, el periodista tiene mucho de soldado.
Lo que sucede hoy es penoso. No hay que estudiar. Cualquiera se engancha a periodista. La Comisión de Espectáculos Públicos no se preocupa por el uso del lenguaje. La ley que creó el Colegio no obliga a la profesionalización. Hay un cambalache.
La comunicación social, al igual que otras áreas, ha perdido mucho su esencia. Debe ser uno de los sectoress que más se ha corrompido. Este gobierno del PLD y Leonel Fernández no mata físicamente a los periodistas, los mata moralmente, los aniquila éticamente comprándolos. Más de 700 millones de pesos mensuales invierte en periodistas y medios. Vemos comunicadores extorsionando y chantajeando a dirigentes políticos, funcionarios y empresarios. La corrupción no será endémica, pero sí patológica en muchos casos. Lo que no entiendo es la queja de mi entrañable amigo Euclides Gutiérrez Félix porque su partido y su gobierno son responsables en gran medida de lo que está ocurriendo en los medios de comunicación con una buena parte de los comunicadores.

