En una sociedad con las debilidades institucionales de la nuestra, hay que mantener vigilancia extrema sobre quienes manejan recursos económicos, conociendo los antecedentes de que por quiebra de financieras nadie fue enviado a prisión jamás.
La excepción ha sido los últimos escándalos bancarios, dado el nivel de los fraudes y la presión de organismos internacionales. Nunca por voluntad interna.
Ahora la situación se traslada a otro escenario: las cooperativas. En los últimos cinco meses, al menos dos de ellas han sido intervenidas públicamente por el Instituto de Desarrollo y Crédito Cooperativo (IDECOOP).
En abril fue necesaria la intervención de la Cooperativa San Miguel, en Santiago, tras una crisis de gobernabilidad que tuvo su origen en problemas financieros. Posteriormente, el 3 de junio, el Idecoop tuvo que declarar intervenida la Cooperativa de la Falconbridge, a fin de salvaguardar y proteger el patrimonio de los socios.
Al parecer, el Idecoop tendrá que tomar carta en otra cooperativa donde las cosas no andan claras, se trata de la Momón Bueno, donde algunos socios alegan que les cobran más de lo convenido en los préstamos.
Esta semana mi vecino Elio Octavio Valdez me narró que en esa cooperativa pretenden cobrarle un préstamo de 16 millones de pesos, que de acuerdo a los recibos que me mostró fue saldado el año pasado.
También presentó en una conferencia de prensa, como le sugerí, una certificación del Departamento de Contabilidad de la cooperativa, fechada 7 de julio, en la que consta que no tiene deuda con la entidad.
Luego supe que la oficina legal contratada para los cobros hacía la gestión, pero no reportaba los recursos, lo que, desde el punto de vista legal, exonera de responsabilidad a los socios que realizaron los pagos.
El problema debe ir, sin embargo, más allá, ya que se trata de una evidente estafa.
Ahora corresponde al Idecoop asumir su responsabilidad, investigar a fondo esta situación, porque es posible que en situaciones como ésta se encuentre más de un Elio Octavio Valdez.

