Ha tenido que ocurrir la Segunda Sesión de Trabajo de la ONU sobre Envejecientes, del primero al cuatro de este mes, para por fin entender la discusión sobre la Seguridad Social y las pensiones en nuestro país, tema central de la discusión sobre la protección social de la población mayor, donde la delegada de Kenya, la de Chile y Filipinas nos ilustraron sobre el tema.
En el mundo, según ellas, 80% de la población mayor de 60 años no tiene beneficios de seguridad social, porque los países no entienden que la seguridad no es un gasto sino una inversión que genera nuevos empleos y servicios. No se trata de una guerra generacional (lucha por las sobras del gasto social entre viejos y jóvenes), sino de un desafío que con solo un día de gasto en armamento mundial se resolvería.
Brasil planteó que las crisis económicas no tienen que implicar un corte en los fondos del seguro social y que desde 1988 la Constitución brasilera establece como deber del Estado la prestación de beneficios -continuados- costeados por el gobierno federal cuando se trata de personas que ganaron un salario inferior al sueldo mínimo, quienes reciben US$350.00 dolares mensuales.
Como revelación para mí, está el hecho de que Brasil es pionero en el derecho a la jubilación de la población rural, porque, dada la naturaleza del trabajo rural, el campesinado no cotiza. Brasil también creó las farmacias populares, donde se puede comprar medicinas a un 10% del valor de mercado, y recibir las medicaciones complejas sin costo. Para facilitar el proceso se han creado los Consejos Locales, Regionales y Federales del Adulto Mayor.
De todas las intervenciones, la que causó sensación fue la de las Panteras Grises, asociación creada por una empleada filipina que fue cancelada por cumplir 65 años. Esa injusticia la impulsó a organizar a la población envejeciente a nivel nacional, entendiendo que la unión es poder y que ese es el único lenguaje que entienden los gobiernos. Para la organización de adultos mayores utilizan una metodología participativa, que parte de lo que la ancianidad piensa, siente o cree sobre los objetivos a lograr, algo que les ha sido relativamente fácil porque la mayoría de la militancia proviene de las luchas sociales de los 70.
A la inversa de Brasil, en Uruguay las pensiones no se consideran un bien general y sigue siendo un problema la cobertura de las esposas y la cuantificación del impacto en las familias de las pensiones, ya que, como en Kenya, las pensiones de los envejecientes mantienen a toda la familia.
Como vemos, la República Dominicana apenas se asoma a la complejidad del tema de la seguridad social, el cual no solo debe girar sobre lo que le preocupa a la banca: cómo y dónde invertir nuestras pensiones. y aumentar sus ganancias.

