Opinión

La suerte de Maduro

La suerte  de Maduro

Si la suerte cuenta en la política, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, puede considerarse un afortunado. Ha tenido siempre la dicha de conseguir que sus opositores más enconados le saquen, de una otra forma, la castaña del fuego.

Maduro no ha podido probar el atentado que generó su batida contra la oposición. Pero mientras se insistía en que el supuesto complot no fue más que un vulgar montaje nada más que The New York Times reveló que funcionarios norteamericanos se habían reunido con militares opositores al régimen venezolano. El encuentro, confirmado y justificado por el Departamento de Estado, cambió la percepción sobre la supuesta tentativa de asesinato del gobernante suramericano.

Pero no se trató de la primera ocasión en que Maduro, adrede o no, salía beneficado por las circunstancias. En otro de esos momentos en que el mandatario se veía completamente a la defensiva, colocado contra las cuerdas, el presidente Donald Trump tuvo la ocurrencia de afirmar que no descartaba la opción militar frente a la crsis de Venezuela. La condena no se hizo esperar y hábilmente el tiranuelo bolivariano aprovechó la coyuntura que se le presentaba en bandeja de platas para impulsar uno de sus fallidos diálogos con la oposición.

Como si las torpezas no bastaran para aprender de ellas, en esta ocasión ha sido un diplomático tan experimentado como el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien le ha dado una buena mano a Maduro al citar la intervención armada entre las opciones para restaurar la democracia en Venezuela. Los tiempos no son los mismos, pero con esas declaraciones el excanciller uruguayo resucita un período tan tenebrosa de la entidad que dirige como el juego que hizo a la ocupación norteamericana de 1965.

Las declaraciones de Almagro han tenido el doble efecto no poner el Gobierno de Venezuela a la ofensiva como el repudio generalizado de grupos como el de Lima, que explora fórmulas para encontrar una salida pacífica y democrática tanto a la falta de democracia como a la crisis humanitaria que golpea a los bolivarianos. Para más suerte de Maduro, ayudas de un persecutor tan acérrimo como el secretario general de la OEA no le han llegado sola, sino acompañadas de un significativo repunte de los precios internacionales del petróleo.

En el caso de Almagro podría hablarse de los errores que provocan el hastío y la desesperación, pero en cuanto a Estados Unidos se tiene que hurgar con más profundidad para encontrar los verdaderos motivos de su reacción. Pero lo que no deja lugar a la menor duda es de que Maduro ha tenido la suerte a su favor para conservar el poder.

El Nacional

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