La campaña electoral para elegir las próximas autoridades avanza viento en popa, al menos diez candidatos al solio rectoral de la más antigua Universidad de América ruedan con el objetivo de conquistar el puesto máximo que tiene la UASD, ese mismo día se elegirán cuatro vice-rectorías, 9 decanatos, y decenas de Direcciones de Escuelas, Recintos y Centros Regionales. En verdad, si eliminásemos las sombras presentes en el aludido proceso, estaríamos presenciando una auténtica fiesta de la democracia universitaria.
¡Voten por mí a la rectoría, y todo le cambiará de noche y día! ¡Pancracio Rector, yo soy el mejor!, ¡Cambio ya, la UASD no aguanta más!: son consignas, que han orientado los procesos electorales en la UASD, que ponen de relieve la dimensión lúdica, y su capacidad para transfigurar lo existente, relegando a un segundo plano las causas profundas de temas y problemas que sí son fundamentales.
En este sentido, estar en campaña es anestesiarse, alienarse, fantasear con mundos imaginarios e inexistentes, que tienen que ver muy poco con la universidad que hay que construir de cara a este siglo XXI.
Lo más terrible es saber que en ese estado de alienación mental y anomia colectiva, donde no se colocan en la mesa los problemas de la UASD, se está decidiendo el futuro de la institución que tendremos durante el periodo 2018-2022. ¿Para qué se quiere ser rector si no se tiene en agenda que la UASD avance, se adecúe a los nuevos tiempos y supere sus impertinencias? Naturalmente, hablo desde el punto de vista de la responsabilidad social, en el horizonte de un sujeto crítico, ético y actuante, que asume la solubilidad de los problemas universitarios, sobre la base de su conocimiento, y correspondiente voluntad para superarlos.
Dejémonos de ingenuidades, asumamos nuestras responsabilidades (personales y sociales), no hay inocentes en este mundo, tampoco en la UASD de mis sueños y desvelos, ser rector es una responsabilidad social, también lo es elegirlo, porque al hacerlo depositamos nuestra fe y confianza en el elegido, que a su vez hará un buen o mal uso del poder transferido.

