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La verdad es la verdad

La verdad es la verdad

Además de los tangibles logros de los que puede ufanarse el Gobierno en sus primeros 100 días, resulta significativo el estilo que delínea el presidente Luis Abinader a través de la rendición de cuentas, detallando cada centavo que entra y sale del erario como garantía de transparencia, y de su cercanía con la gente.

Lo más llamativo, empero, es que ante adversidades como la crisis sanitaria que ha paralizado la economía en todo el planeta, golpeando duramente el empleo y todas las actividades productivas, sociales y culturales, este país transite los senderos de la recuperación en lugar de retroceder. Se trata de una verdadera proeza, sobre todo cuando a simple vista no se veía una luz que iluminara una salida frente a un panorama tan sombrío.

Entre los distintos factores tanto internos como externos que han incidido en el proceso hay que reconocer la buena voluntad expresada en una inagotable capacidad de trabajo, pero sobre todo la racionalización y reorientación del gasto.

Las remesas y el endeudamiento público también figuran entre los alicientes para que en su período de gracia el Gobierno pudiera destinar 1,500 millones de pesos para combatir la pandemia; implementar el modelo virtual y a distancia de educación, el programa para las mypimes, el relanzamiento de las zonas francas y la afiliación de dos millones de personas al Seguro Nacional de Salud (Senasa).

No son menos significativas las señales para transparentar el ejercicio del poder y enfrentar la corrupción con la reestructuración de entidades fundamentales como la Procuraduría General de la República y las direcciones de Ética Gubernamental y de Compras y Contrataciones Públicas. Por supuesto que tampoco todo es gloria.

Entre el Presidente, sin importar que sea el jefe del Estado, y su gabinete, se torna cada vez más visible la diferencia en cuanto a capacidad de rfespuesta. Muchos funcionarios todavía están en el plano de denuncias irrewsponsables, que sin pasos legales caen en lo ridículo. La ausencia de acciones y las trabas burocráticas han contribuido a desalentar sectores que querían que el cambio comenzara contra la impunidad.

Pese a todo, la verdad es que las señales marcadas por el Gobierno son más que reconfortantes. Desde un primer momento la salud, en la que se han efectuado las mayores inversiones, fue asumida como prioridad, pero sin relegar la recuperación de la economía ni la importancia del sistema educativo.

Epidemias como la inseguridad ciudadana, la criminalidad, el caos en el tránsito y en el transporte de pasajeros, entre otros males, constituyen tareas pendientes que en su momento se tendrán que enfrentar. Mientras tanto es mucho lo que se ha logrado en tan corto tiempo.

Por:  Luis Pérez Casanova
luispc04@gmail.com

El Nacional

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