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La victoria de Abinader

La victoria de Abinader

Luis Pérez Casanova

l.casanova@elnacional.com.do

Observadores no mediáticos, de esos que no se identifican como expertos ni politólogos, pronosticaron la victoria en primera vuelta de Luis Abinader desde mucho antes que la calle lo evidenciara con la aparición de las encuestas que lo colocaban puntero y de los resultados de las elecciones municipales. Se basaban en el respaldo de figuras que por su olfato felino solo apuestan para ganar. Han sido reformistas, perredeístas, peledeístas y esta vez del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Algunos los llaman oportunistas, pero lo que de ellos se piense les importa un comino.
Desde que comenzaron a agravarse los conflictos en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Abinader ya solo tenía que sentarse a esperar. La salida de la organización del tres veces presidente de la República, Leonel Fernández, para fundar Fuerza del Pueblo, aumentó las posibilidades del candidato del PRM. La gente, por demás hastiada por los escándalos de corrupción sin castigo comenzó a asumir la expresión de que partido dividido no gana elecciones. El peledeísmo perdió las perspectivas porque en lugar de ver al PRM como su rival utilizó su artillería para aplastar a Fernández. Con la inmensa mayoría de los peledeístas en la nómina del Estado estos no iban a exponerse a perder sus puestos por seguir a quien dejó sus filas.
Pero ahora el caso no es que la victoria de Abinader estaba prevista, sino de lo que significa. Su triunfo representa el punto de partida del cambio en lo que respecta a justicia, institucionalidad, racionalidad, seguridad y humanización. Una realidad de la que él, por suerte, está muy consciente. No existe el menor indicio para temer que Abinader pueda burlarse de su compromiso o del electorado, pero en dado caso también está advertido de que el sentimiento que lo catapultó está decidido a enfrentarlo. Como candidato del PRM no solo llegó en la cresta de una ola contra la corrupción, la impunidad, la prepotencia y la inequidad, sino que él formaba parte activa de ese movimiento de indignados.
A pesar del justo anhelo de distintos sectores para que se aclaren múltiples escándalos de corrupción y se transparente la acumulación de grandes fortunas hay que diferenciar entre justicia y persecución política. Abinader demostró durante la campaña electoral que tras su ecuanimidad tiene mucho carácter como para no dejarse narigonear ni coger presiones. Ha delineado algunos puntos que inspiran confianza, pero ante cualquier perturbación tiene en el legado de su padre José Rafael Abinader el mejor referente para no desviarse jamás del sendero de la justicia. Su Gobierno está supuesto a marcar una necesaria nueva era en República Dominicana.

El Nacional

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