Opinión

La victoria de Martelly

La victoria de Martelly

No se trata de ninguna sorpresa que el cantante Michel Martelly ganara  las elecciones haitianas. Era lo que se veía, aunque costara  aceptarlo. Desde que la Organización de Estados Americanos (OEA) ordenó al Gobierno una revisión de los sufragios de la primera vuelta, bajo el alegato de fraude, era previsible que alguna carta bajo la manga se traía el organismo. Las elecciones en América Latina se han caracterizado, con contadas excepciones, por las mismas irregularidades que la OEA detectó en los comicios del 28 de noviembre de 2010 en Haití, sin que jamás se le haya ocurrido la menor intervención ni revisión de los procesos. La señora Mirlande Manigat era la amplia favorita en la primera vuelta, pero tuvo que conformarse con un 31 por ciento. Martelly, sin ningún tipo de experiencia y apoyado por figuras vinculadas al duvalierismo, había quedado en tercer lugar, fuera de competencia, pero en la revisión patrocina por la OEA desplazó del segundo puesto al candidato oficialista Jude Celestin, a quien no le quedó más que aceptar la amarga realidad. El ascenso del cantante no se hizo esperar. De buenas a primeras Martelly superó la diferencia de 11 puntos con que la señora Manigat lo había aventajado. ¿Qué pasó? Lo que el periodista Domingo Batista sostuvo desde el comienzo:  que  Martelly el favorito, no por su popularidad, sino porque era el candidato de Washington, mientras a la exprimera dama se le relacionaba con el  venezolano Hugo Chávez. El tiempo no tardó en demostrar que el cantante, pese a su falta de experiencia, tenía los vientos a su favor  en unas votaciones que, paradójicamente, han marcado un récord de concurrencia en la región. Y en que la profesora Manigat no sumó un voto adicional, ni siquiera de los oficialistas. En una nación sin tradición electoral y plagada de problemas de toda índole, la población votó en masa. Obviamente motivada por la OEA para  legitimar el proceso.

El Nacional

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