Opinión

Laberinto emocional

Laberinto emocional

Hablar de la conducta humana es un tema fascinante ya que somos seres racionales y espirituales dentro de un laberinto emocional que nos hace distintos a través de nuestro temperamento, personalidad y carácter.

El temperamento es genético, lo heredamos, en la personalidad intervienen tanto la base biológica e influencias ambientales y el carácter es el componente aprendido de la personalidad que determina nuestro comportamiento. Queremos resaltar de estos tres elementos el temperamento, que según Hipócrates de la antigua Grecia 460-370 AC, existen 4 diferentes tipos en los cuales encajan todas las personas. Estos son sanguíneo, colérico, flemático y melancólico.

Somos una combinación de ellos aunque siempre habrá uno dominante, ninguno es superior a otro y si coinciden en algún comportamiento esto será por diferentes razones y objetivos en cada caso.

Los sanguíneos son de personalidad muy atractiva, conversadores, de buen sentido del humor, son el alma de las fiestas. Son apreciados por sus amigos, creativos, con mucha energía, entusiastas, inspiran a los demás. Hacen amigos con facilidad y quieren estar enterado de todo.

Tienden a monopolizar las conversaciones, son exagerados, se enojan fácilmente y pueden ser inmaduros, egoístas y poco sinceros. Son desorganizados, pierden el interés rápidamente y tienden a comenzar cosas que no las terminan. Se dejan llevar por sus sentimientos.
Los coléricos son emprendedores, productivos, dinámicos, se ponen metas y motivan a actuar con rapidez, son autosuficientes, les gusta arriesgarse, siempre tienen la razón y les gusta liderar. Suelen pasar por mandones, manipuladores, autoritarios, intolerantes y sin tacto. No muestran empatía por los demás y no les gustan las lágrimas ni las emociones. Son impacientes y dedican poco tiempo a la familia por sus ocupaciones.

Los flemáticos son buenos observadores y buenos conciliadores, buscan tener paz y tranquilidad, son equilibrados, no pierden el control fácilmente, son amables, compasivos y de buen humor. Son estables y trabajan bien bajo presión. Tienen muchos amigos y son discretos, buenos escuchas.

También suelen ser indiferentes, indecisos, prefiere lo fácil, no organizan su hogar y son muy flojos para disciplinar.

Les falta motivación, son indiferentes y se resisten a los cambios. En estos casos hay que ayudarles a ponerse metas, recompensarlos y felicitarlos por sus logros.

Los melancólicos son los más complejos, profundos, pensadores y analíticos. Son perfeccionistas, tienden a ser talentosos, versátiles, poetas y filósofos. Son muy sensibles y les gusta lo sublime. Son meticulosos, idealistas y abnegados. Fomentan el estudio en su casa y son de normas elevadas. Siguen un horario, son persistentes y detallistas. Les gusta terminar lo que comienzan.

El Nacional

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