Siempre, y de modo recurrente, llega a mi memoria aquel hecho histórico acaecido el 21 de diciembre del año 1511, cuando fue pronunciado el Sermón de Adviento o Sermón de Montesinos, oratoria que irrumpió en la realidad social y política que hacía víctima a los aborígenes dentro de su propio territorio.
El Sermón fue la postura de los sacerdotes Dominicos para enfrentar el abuso de poder reinante. Pero la grandeza del Sermón estuvo no solo en lo dicho, que fue bastante, sino en la firme reiteración de lo antes dicho. Cinco siglos han pasado, y sigo añorando esa postura.
El pasado mes de abril fue prolífico en alocuciones del clero católico señalando males sociales valorados por este, como preocupantes. El Arzobispo Metropolitano Francisco Ozoria se hizo eco de que en el gobierno están presentes ciertos indicadores que pudieran conducir a una dictadura.
En el reciente Viernes Santo el Sermón de las Siete Palabras no tuvo desperdicios ya que en forma exhaustiva el clero hizo una panorámica de la realidad social, y atacó los males que agobian y amenazan la paz y la seguridad ciudadana.
A todo esto, y como un asunto de aparente consenso en el clero, el 30 de abril el periódico “La Información” de Santiago, reseñó que “Monseñor de la Rosa y Carpio advierte falta ética y moral en el gobierno destruye país”. Puede decirse que estas reflexiones y críticas de los sacerdotes católicos hallaron empatía en gran parte de los sectores sociales, aunque no así en algunos del gobierno, pero lo más importante fue que la ciudadanía acogió lo dicho, y también le dio seguimiento.
