Por: Danilo Cruz Pichardo
d_cruzpi@hotmail.com
El Partido Revolucionario Dominicano es la organización más antigua y de historial más democrático de todo el escenario político nacional. Sus estatutos trazan normas conductuales a sus dirigentes, pero el presidente de la entidad, con rostro ha violentado las más elementales reglamentaciones.
Suele hablar del PRD institucional. Siempre ha sido una institución constituida por cientos de miles de hombres y mujeres. El PRD no puede ser una persona, que se coge el derecho de los demás. Todos somos socios mayoritarios o minoritarios, dependiendo de la jerarquía y de los méritos. Lo desautorizo a quitarme la parte que me corresponde. Usted no puede secuestrar a una entidad política, no reunir a sus organismos y asumir posiciones políticas de ultraderecha –en nombre de la organización– que contrarían los principios históricos del PRD. Se ha pasado de contento y podría tener problemas.
Y muestra de ello es que no puede recorrer el país. Las veces que ha intentado acudir a algún comité municipal lo han recibido bajo una lluvia de piedras, teniendo que apelar a la seguridad policial, porque para todo su accionar se ha valido de la solidaridad de los gobiernos del PLD. Es mediante las peores artes que se ha mantenido como presidente de facto del PRD.
Su empresa se torna cada vez más peligrosa, porque además de secuestrar al PRD tiene también una alta cuota de responsabilidad en el creciente deterioro institucional que vive el país, como lo confirma su constante aprobación a las conductas de las altas cortes, en las que están algunos de sus desacreditados seguidores, creadas para la perpetuidad del PLD en el poder.
El daño que hace a la democracia dominicana es igual o mayor que los excesos cometidos por el PLD y todos, tarde o temprano, tendrán que atenerse a las consecuencias. Todos los regímenes totalitarios han tenido un final infeliz, al que no escapan sus socios.

