Opinión

Las elecciones

<P>Las elecciones</P>

A cada afirmación hecha en el artículo anterior sobre el PLD, le haré la correspondiente respecto al PRD, como forma de reafirmar la superioridad del primero sobre el segundo en las variables que dependían con exclusividad de cada organización. En adición, analizaré la crisis post electoral que abate al partido blanco.

Una vez más, el PRD fue incapaz de hacer primar el espíritu de cuerpo sobre intereses individuales o grupales y una parte importante del partido no se nucleó en torno a un propósito común, el de conquistar el poder. Sólo esa circunstancia lo convirtió en un vulnerable competidor que siendo, como es, una entidad con históricos problemas de división, lo tornaban débil ante un poderoso adversario como el que enfrentaba.

Le resultó imposible superar los traumas iniciales de su proceso interno de selección del candidato presidencial y no toda la militancia se adhirió a quien resultó ganador y su competidor, nada más y nada menos que el presidente del partido, aun reconociendo la victoria de Hipólito Mejía, jamás se integró a su campaña y se dedicó a socavarla, en una actitud de innegable felonía. Otro elemento desintegrador.

La campaña electoral desarrollada por el PRD fue menos efectiva, era visible una línea estratégica mal delineada, alimentada por decisiones tácticas que a cada momento se apartaban del objetivo central perseguido.

En lo que respecta al desempeño del candidato, se puso de manifiesto algo que está en la naturaleza del mismo, que es su obstinación con presumir de una espontaneidad mal entendida que lo conduce a emitir declaraciones innecesarias que lo colocan en una actitud defensiva en tanto debe dedicar los esfuerzos subsiguientes a revertir los daños colaterales ocasionados.

Lejos de poder contabilizarse una suma de aciertos durante su dilatada exposición en una contienda que parecía eterna, el candidato perredeísta, en el mejor de los casos, no restaba adhesiones con sus comparecencias públicas y en el peor dejaba una negativa impresión en su auditorio, máxime si se trataba de uno conformado por personas en capacidad de profundizar en los temas tratados y las respuestas ofrecidas.

Insisto, es innegable que el soporte de un Estado colocado al servicio de la candidatura ganadora constituyó un espaldarazo imprescindible, pero esos recursos y artimañas se potencializan, cuando son acompañados de yerros fundamentales en los cuales incurra la competencia, en una guerra en que cada batalla se traduce en la pérdida o ganancia de miles de votos.

El Nacional

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