Opinión

Las emigrant

<P>Las emigrant </P>

Regresaba en un bimotor desde la Isla de San Martín, raro paraíso de la convivencia en un mundo que hoy se desgarra en guerras étnicas y etnocéntricas.  Cansada, procuré sentarme sola y dormir un poco, pero las voces y risas de las compatriotas en los asientos de al lado y detrás me lo impidieron.

A mi izquierda, una joven negra, de afro corto, color amarillo y una bolita de plata en la nariz, perfectamente maquillada y vestida con ropa sexy, pero de calidad, contaba su historia:  “Me metí a los catorce con un hombre que me hizo seis muchacho.  Yo apenas llegué a un sexto curso y no había ná que hacer (risas). Me dejó con el último de tres meses y había que buscarle comida a esos muchachos y ahora ropa de marca.  Eso e carta y carta pidiendo cosa, toda cara y toda de marca.  Me fui pá Surinam,  pero la cosa se puso fea y me fui pa la islita de Saba, una islita de chismoso, no se pué negá que son tan chiquito, y de ahí pá San Martín”. 

En una población de apenas 40 mil habitantes, la comunidad dominicana, compuesta por cinco mil personas, en su mayoría  mujeres, constituye el mayor conglomerado de inmigrantes. San Martín es  una isla media francesa y  media holandesa, territorio sin fronteras por donde transitan libremente dos naciones, dos maneras de pensar, dos vidas cotidianas. Dominicanos y dominicanas laboran fundamentalmente en   servicios, hotelería, trabajo doméstico, salones de belleza, reparación de vehículos y construcción.  El área de “servicios” incluye el trabajo sexual.

“Frontera externa del Caribe”, como  llamara José Martí a los y las emigrantes del Caribe que desde Hatuey y los indígenas nativos de las islas transitaron por nuestros mares, el gran escritor barbadense George Lamming, define a las mujeres de nuestras islas como la vanguardia más eficaz para realizar el verdadero potencial de la integración regional, precisamente por ser ellas “las víctimas más heridas por la dominación neocolonial de nuestras islas”.

Sujetos fundamentales de lo que Lammming define como una “inteligencia dialéctica nacida de nuestra experiencia histórica y de nuestras realidades contemporáneas”, las mujeres de la región han tenido como “virtud” el haber impuesto una visión pragmática de la subsistencia a la visión “binaria” del conquistador.  La de haber impuesto como praxis el multiculturalismo, la multietnicidad, el dilema de la diferencia (que a decir de Lamming es a fin de cuentas rica fuente de energía para el crecimiento sostenido y el dinamismo social) sobre la SOMBRÍA UNIDIMENSIONALIDAD DEL OCCIDENTE, entendiéndose como Occidente “un poder que históricamente ha residido en una minoría de hombres que nunca se consideraron ni consideran, parte orgánica de la tierra que controlan.  Hombres cuyas miras (y capital) se encuentra en la metrópolis de sus sueños, sea ésta Madrid, París o Miami.

El Nacional

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