Opinión

Las funciones públicas

Las funciones públicas

Las funciones públicas más que ser relativas a toda actividad que realiza el Estado y la acción de sus funcionarios, es un privilegio y a la vez una responsabilidad sagrada para aquellos que tienen la oportunidad de servir a su patria a través del Estado.

En nuestro caso en particular tuvimos la experiencia de ser servidor público por más de 55 años en posiciones relevantes y de altas responsabilidades, que me han permitido mirar el trayecto transcurrido, y compartir por este medio nuestras humildes reflexiones y experiencias.

Estoy convencido de que en su mayoría los que deciden participar en la política y la vida pública, van cargados de buenas intenciones y con la aspiración de aportar a su país, aunque la realidad les presentaran tentaciones y pruebas en el camino en las cuales les tocara hacer ahí la diferencia.

Nosotros iniciamos cargado de sueños e ideales de dar lo mejor de nosotros y hacer una diferencia.
Nadie se atrevió a proponerme nada que comprometiera la moral ni tuviera que avergonzarme
La vida y su libre albedrío se encarga siempre de ponernos en la encrucijada de presentarnos los dos caminos, el camino fácil y tendedor, que pareciera ser más feliz, que seduce la debilidad y las pasiones humanas, y el camino angosto y desigual de los íntegros, muchas veces olvidados y solo reconocidos a la hora de su muerte.

Hoy, tratando de terminar con orgullo mi paso por la vida pública, siempre apegado a mis convicciones y valores éticos, actuamos en apego irrestricto a la justicia, a la solidaridad y por nuestro comportamiento puedo asegurar que nadie se atrevió a proponernos tras bastidores nada que comprometiera ni riñera con nuestra moral, de la cual tuviera luego que avergonzarnos junto a mi familia.

Puedo dar fe y testimonio a las nuevas generaciones que aspiran a participar en la vida pública y los que ya están en funciones en el Estado, que se puede participar dignamente en la misma y que nuestro accionar honre a nuestras familias y a nuestra patria.

Sí se puede ser noble, serio, solidario y decente, porque es lo que necesita nuestro país, que actuemos con el ejemplo y que a la hora de partir nos llevemos la satisfacción del deber cumplido con nuestros hijos, con nuestro pueblo y sobre todo con Dios.

El Nacional

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