Opinión

Lectura electoral

Lectura electoral

La  inversión  hecha por el Gobierno para las elecciones del domingo, cuantiosísima de por sí, es para conseguir las 32 senadurías, las 203 diputaciones, incluyendo las cinco nacionales y las 20 al Parlamento Centroamericano (Parlacén) y no menos del 98 por ciento de las sindicaturas.

Ante la intrigante y censurable embestida, que ha incluido repartos a diestra y siniestra y la captación de dirigentes, a la oposición se le tenía que hacer muy difícil articular una estrategia para contrarrestarla. Para más éxitos en los resultados de las votaciones el Gobierno tiene a su favor espaldarazos como el del presidente venezolano Hugo Chávez al viajar a República Dominicana para suscribir con el presidente Leonel Fernández la adquisición del 49 por ciento de las acciones de la Refinería, una operación que tras la historia de desplantes, recriminaciones y desaires no se vislumbraba por el momento. Hasta en las adversidades la suerte le ha sonreído a un Gobierno que ha sepultado, sin inmutarse, su propio discurso político. En su embestida no sólo ha despojado al electorado de la voluntad de elegir libremente, sino que cada día capta más opositores, otrora radicales, pero hoy incapaces de resistir la tentación del poder. La miseria económica y espiritual frente al Presupuesto es más desventajosa que la batalla de David contra Goliat. Con tal de asegurar los resultados al Gobierno poco le ha importado que su práctica contraste no sólo con la equidad sino hasta con la decencia. Avasallar  la oposición a través de la soberana demostración de recursos no es la finalidad última. Los avasallados serán una sociedad cada vez más postrada y las debilitadas instituciones. El PLD   no tiene cómo fracasar, a menos que se entienda como fracaso no haber podido conquistar a todo el mundo  con recursos ni con discursos. Por lo moralmente significativo la oposición tendrá que enmarcar cada voto como expresión de la libertad de conciencia.

El Nacional

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