Opinión

Legalizar las drogas

Legalizar las drogas

Al plantear la legalización de las drogas  fórmula para acabar con la violencia que deriva del lucrativo negocio el reverendo Ezequiel Molina no incurrió en un disparate. Se trata, en realidad, de una vieja idea que ha sido defendida por figuras como los laureados escritores Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, el desaparecido Premio Nóbel de Economía Milton Friedman y los ex presidentes de Brasil y Colombia Fernando Henrique Cardoso y César Gaviria. La marihuana, por la que todavía se persigue y condena en muchos países, ha sido legalizada para fines de salud en unos 14 estados de Estados Unidos. Lo mismo se ha dado en algunos países de Europa. Entonces, ante el virtual fracaso de la costosa y sangrienta guerra contra el narco la legalización podría ser la alternativa. Demostrado está que la prohibición, lejos de reducir el consumo y la criminalidad, ha contribuido, a su vez, con una interminable ola de violencia, enriquecimiento ilícito y creando una interminable gama de problemas sociales. El poder de los cárteles es tan inmenso que no sólo cuentan con la estructura más sofisticada, sino que han podido pernear, como han reconocido las propias autoridades, al propio Estado. La legalización que planteó el pastor evangélico tiene suficientes méritos. El problema estaría, al menos en República Dominicana, en conformar las estructuras para administrar el negocio de las drogas. Cuando las leyes que son leyes se violan impunemente, y si no se ha podido con las medicinas ilegales, que se mercadean libremente en farmacias y colmado, de qué forma se podrá controlar la venta de estupefacientes. Ese sería uno de los grandes inconvenientes de una propuesta a la que debería dársele forma, en lugar de rechazarla como si se tratara de un infundio, cuando, en realidad es una idea que sintoniza con una vieja corriente.

El Nacional

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