Confieso que no he tenido tiempo para dedicarme al estudio de la literatura de Oriente, y que excepto por el poeta Li Po, cuyo nombre utilicé como seudónimo cuando colaboraba con una revista de Casa de Teatro, no he podido estudiar su poesía.
Lian Zi Chi es una poeta china, graduada de la Universidad de Xiamen, con una maestría en cultura china, Historia, folclore y literatura moderna. Es miembro de la Sociedad China de Prosa y Poesía; de la Sociedad Internacional Euro-China; jefa editorial del periódico Nanlte HuaYu, y vicesecretaria de la Asociación Mundial Literaria de Escritores, a cargo del Festival Mundial de Poesía de la China, este octubre.
Lian Zi es una poeta diminuta. Tiene 71 años y parece una muchacha de cuarenta. Ni una cana, ni una arruga. Tiene la agilidad de un gato y la fuerza de un caballo, porque la fuerza es cálculo psicomotriz no solo músculo.
Lian Zi dirigió una escuela de Thai Chi durante 25 años y tiene una disciplina de vida aleccionadora. Como su compañera de cabaña, en el Festival Conjuros Poéticos, que acaba de realizarse en Misiones y concluyó en las Cataratas de Iguazú, la oí levantarse cada día a las cinco, y digo oí, porque comienza el día con palmadas en todo el cuerpo para estimular su circulación; meditación por media hora y luego Thai Chi, ejercicios que acompaña con un poderosísimo canto con tonalidades operáticas.
Lían Si viajaba con sus agujas, hierbas y aceites, los cuales literalmente me salvaron la vida durante una fuertísima crisis asmática. Con ella entendí el significado de la frase “tortura china” ya que cuando colocaba las agujas y las giraba preguntaba si dolía y si dolía exclamaba ¡Good!
Yo observaba a esta poeta cuando, emocionada con el intercambio con niños y jóvenes guaraníes, los saludaba con un poderoso ¡Nijao! (¿Cómo están?) Y luego los abrazaba cálidamente, mientras les hablaba de su país y su determinación de que todo el mundo pueda trabajar y vivir decentemente, con lo fundamental, sin desperdicios o excesos, la fórmula china para salvar al mundo.
Quisimos que leyera en su lengua, para luego intentar traducir del inglés al español y dejar que fuera la palabra la que revelara la filosofía de una sociedad donde lo material sirve para el bienestar colectivo, con la anuencia de la naturaleza, que es para ellos su “Orden Divino”.
“Despedirse es un bote en el mar/reencontrar una nube en la luz de la luna/cuando se aleja el bote ¿regresara?/ ¿Cuántas veces se reunirán las nubes?/ Inerme, la luz del día se reparte/ en innumerables gotas de agua/ ¿son de lluvia o lágrimas?
Con ese poema se despidió, y escondidas lágrimas.

