Remei Calabuig Mitilene (Grecia), 15 de Septiembre (EFE).- La llegada diaria de miles de refugiados a Lesbos ha tenido impacto sobre el turismo, la principal fuente de ingresos de esta isla del Egeo, y si bien algunos hoteles han sufrido cancelaciones, otros comercios se benefician. “To Kima” es una pequeña taberna situada enfrente de la playa. Lo que hace unos meses era una terraza con bonitas vistas hacia las aguas que en esa zona de la isla son cristalinas, ahora es un testigo más de las barcas que arriban a diario. “No se sienten bien viendo a los niños que llegan llorando en los botes. No quieren ver eso”, afirma a Efe Paris, dueño de este restaurante especializado en pescado, donde también se alquilan habitaciones. Afirma que las consecuencias económicas para su negocio son evidentes.
“Mucha gente no viene por esta situación. En lo que va de mes hemos tenido dos cancelaciones y en agosto más de diez”, explica el hostelero, que detalla que aunque hay clientes a quienes “no les importa esta situación”, hay otros a los que “no les gusta». Su ubicación hace inevitable que a diario se encuentren con los refugiados que llegan hasta esas playas del norte de la isla en botes comandados por ellos mismos en que viajan unas 40 personas. Paris cuenta que tratan de ayudarles para que tomen “el camino correcto y puedan coger el autobús que les lleve al campo de Mitilene».
“No solo están dañando al hotel, sino a toda la isla. Hemos tenido cancelaciones de extranjeros y de griegos”, cuenta Irini, recepcionista de uno de los hoteles más grandes de Mitilene, situado frente a la bahía. Justo en ese momento entran dos refugiados y, antes de que atraviesen la entrada, Irini les indica que no quedan habitaciones libres. En este hotel se alojan la mayoría de miembros de las organizaciones humanitarias y muchos de los periodistas que estos días trabajan en Lesbos.
Entre sus huéspedes no hay, en cambio, ningún refugiado. “Esta isla siempre ha recibido refugiados, mucha gente de aquí ha sido refugiada, como mi abuela que llegó desde Turquía. Sabemos lo que es”, precisa la empleada, que recalca que, sobre todo, los niños no deberían pasar por la situación de tener que dormir en la calle. En ese momento tres hombres entran de nuevo buscando alojamiento y la recepcionista les indica el nombre de otros tres establecimientos. Al menos uno de ellos acepta a refugiados.
“No hemos tenido cancelaciones. Aquí alojamos a refugiados, no a todos, pero sí a algunos de ellos, en especial si tienen niños”, comenta Dimitra, a cargo de la recepción de este segundo hotel. Detalla que suelen acomodar a familias de sirios e iraquíes y deja entrever que se guían por su aspecto. “El Gobierno ahora está ayudando, pero hace una semana la gente tenía que pasar varios días durmiendo en la calle, sin papeles, sin comida y sin nada. Ahora la situación ha mejorado, están aquí un día y se van”, dice Dimitra.
En la calle más transitada de la localidad, donde están los principales hoteles, las agencias de viajes, las tiendas y las cafeterías, hay un negocio de venta de artículos de camping, ropa deportiva y calzado, que regenta un matrimonio griego. Su dueña comenta que trabajan desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche y en todo el día la actividad no cesa. Solo hay que permanecer allí unos minutos para comprobar como entran y salen decenas de personas, que preguntan precios y compran productos de todo tipo.
Constantina hace una semana que trabaja en este establecimiento. “Es un negocio familiar y no daban a basto ellos solos. Yo me ocupo de estar aquí para decirles los precios y cuidar de que no roben”, dice la dependienta, que añade que los productos estrella son las tiendas de campaña, los sacos de dormir y las zapatillas. Considera que comercios como el suyo, ubicados cerca del puerto, se benefician de la llegada de refugiados, aunque asevera que hay algunas cafeterías que “no les aceptan porque pueden espantar a los clientes habituales».
El ambiente en las calles de la isla está dividido. Así lo creen griegos como María, una estudiante de 22 años, que opina que, aunque en algunos pueden despertar sentimientos xenófobos, la mayoría acoge con comprensión la situación y trata con amabilidad a los recién llegados. En la década de los años veinte del siglo pasado los griegos que vivían en Asia Menor tuvieron que abandonar forzosamente sus hogares e instalarse en Grecia, una herencia que muchos recuerdan al ser preguntados por la situación actual. EFE

