Editorial

Llover sobre mojado

Llover sobre mojado

El Gobierno encomendó al Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), levantar un diagnóstico sobre el grado de corrupción  en  instituciones del Estado, cuyo resultado seguramente certificará la gravedad de un mal que  parece extendido  por gran parte del tejido oficial.

Representantes locales de esos organismos, convocados por el presidente Leonel Fernández, han señalado su disposición de  colaborar con las autoridades  en el combate a ese flagelo, pero subrayaron la necesidad de identificar las instituciones  gubernamentales  infectadas de corrupción.

Puede decirse que el presidente Fernández ha mudado un gran paso al solicitar  al FMI, Banco Mundial y PNUD    realizar una experticia en torno al alcance y complejidades de un descuidado quebranto que posiblemente haya hecho metástasis.

Los resultados de esa indagatoria no tendrían mayor relevancia, a menos que el Gobierno muestre de manera inequívoca voluntad política y jurídica de combatir  al monstruo  en sus propias entrañas.

Aunque el  presidente de la Comisión de Etica y Combate a la Corrupción, doctor Marino Vinicio Castillo, advirtió que  los funcionarios que incurran en prevaricación serán sometidos a la justicia, dijo que  la asistencia  de esos organismos procura mejorar los niveles de eficiencia en la administración  pública.

 Banco Mundial, FMI y PNUD le dirán lo que propios funcionarios y autoridades judiciales saben o sospechan, por lo que el Gobierno está compelido a pasar de  los estudios y retóricas a los hechos.

Un  enjundioso estudio sobre  alcance   de la corrupción oficial fue realizado por el propio presidente Fernández -hace  años- cuando determinó que para esa época la prevaricación drenaba  al Estado con más de 30 mil millones de pesos al año. El nuevo diagnóstico marcaría esa tendencia.

Lo que se requiere y  reclama es mano dura contra corruptos y corruptores.

El Nacional

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