En junio del año 2002, ante una denuncia de derroche de dinero en el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Indrhi, el presidente Hipólito Mejía, en forma chabacana y jugando al caradura, dijo que Silvio Carrasco es mi amigo y ahí se queda. Era lo normal entonces.
Y es normal ahora que el presidente Leonel Fernández deje pasar en silencio el escándalo o emita alguna promesa cargada de eufemismos y frases prefabricadas.
Con chabacanería o con pose recomendada por bien pagados asesores de imagen y de propaganda, la impunidad continúa, y es escandalosa la descripción de un sistema político en el cual la corrupción sea, sencillamente, normal.
Entre sonrisas dibujadas, consignas y frases que no se atreve a concluir, el actual administrador del Indrhi, Héctor Rodríguez Pimentel, dice que es normal que los presupuestos de obras del Estado crezcan en el camino. Lo mismo hace el vicepresidente de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales, Radhamés Segura, para responder a las denuncias de la periodista Nuria Piera: dice que es normal que en la nómina de la institución haya decenas de familiares suyos y que él asigne ayudas para personas e instituciones entre las cuales se cuenta la Fundación Global Democracia y Desarrollo, cuyo creador y cabecilla es el mismo presidente Leonel Fernández.
¿Hasta dónde se puede llegar en una normalidad así definida? Con chabacanería o con pose, ser tolerante (suave calificativo) con la corrupción obliga a ser además caradura.
El procurador general de la República, Radhamés Jiménez Peña, declaró que serían sometidos a la Justicia todos los funcionarios que hayan incurrido en actos de corrupción. Debería ser eso normal; pero es obvio que Leonel Fernández no va a desmembrar el equipo de apoyo a la consolidación de su liderazgo.
Si nada ha hecho para detener el avance del sicariato en las filas de las Fuerzas Armadas y la Policía, menos llegará a disponer que sea examinado el origen de las fortunas de funcionarios favoritos. Sería afilar cuchillo para su propia garganta.
Los voceros (no todos reconocidos) del actual gobierno dicen que hay informaciones interesadas. Cierto o no, es escandaloso es que los afectados no puedan decir que son falsas. Y lo es también que el Presidente guarde silencio o responda con falsas promesas… Y da asco la impunidad del delito de Estado. ¿De acuerdo?

