Sin importar si el denunciado desmantelamiento de las factorías del antiguo ingenio Boca Chica se ejecuta por alguna disposición oficial o privada, los actos de vandalismo que se denuncian contra las instalaciones de ese ingenio estatal se corresponden con el generalizado criterio de que los bienes públicos nada cuestan y que por tanto cualquiera puede hacerles fiesta.
Un reportaje publicado ayer por El Nacional describe lo que queda del esquelético central que una vez formó parte del proyecto de capitalización de los ingenios del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), que resultó en tiro de gracia a una centenaria industria azucarera.
Se sabe que el ingenio Boca Chica fue arrendado a una empresa mexicana, que al parecer no pudo encender su caldera y que ahora forma parte de otro proyecto para el procesamiento de alcohol importado para la producción de etanol, aunque ninguna de esas posibles iniciativas ha sido expuesta por las autoridades con debida claridad o transparencia.
Lo que importa ahora es que las instalaciones del antiguo ingenio son objeto de un acelerado desmantelamiento, sin que se sepa si esos bienes o propiedades han sido descargados a la Dirección de Bienes Nacionales o vendidos de conformidad con los procedimientos de ley.
A esta hora, la dirección ejecutiva del CEA ha debido informar sobre el enajenamiento de esas instalaciones, aunque a ojos vistas particulares acuden al ingenio a llevarse todo lo que puedan, sin que ninguna autoridad haga prevalecer la propiedad estatal.
Es posible que el desmantelamiento del ingenio Boca Chica se corresponda con la iniciativa de sustituir esa infraestructura por otra agroindustria relacionada con la producción de etanol, pero lo que se censura es la falta de transparencia en esa posible operación y en el hecho de que se permite que cada quien cargue con bienes de ese central, bajo el criterio de que la cosa pública no tiene dolientes ni parientes.
Tierras de ingenios azucareros con vocación turística, agrícola e inmobiliaria, así como bienes muebles, equipos y otras propiedades han sido objeto de depredación por gente y sectores influyentes que han hecho las veces de filibusteros contra propiedades públicas, que en el menor de los casos han obtenido mediante componendas o a precio vil.
Es por eso que hoy se reclama del Consejo Estatal del Azúcar explicar qué está pasando con el ingenio Boca Chica, antes de que la voracidad lo termine de borrar del mapa.

