En su discurso leído por teleprompter sin que acertara a rendir las cuentas financieras que exige el artículo 114 de la Constitución, Leonel Fernández exclamó con discutible sentido nacionalista el día que conmemoramos nuestra independencia, que Santo Domingo se ha transformado en Nueva York chiquito. ¿Por qué no se refirió al desorden fiscal y al aumento excesivo del gasto público, relacionados con las concesiones demagógicas que facilitaron su reelección en el 2008 y que le permitieron al PLD agenciarse la mayoría de los escaños de La Feria en mayo del 2010?
¿Por qué omitió tratar los denunciados sobrecostos de las obras? La ocasión era también oportuna para que justificase su reiterado incumplimiento con la Ley de Educación, y para que explicara la razón por la que la deuda pública ha pasado de 6 mil millones de dólares en el 2004, a 23 mil millones en el 2011. Debió salirle al frente al Foro Económico Mundial, que asegura que estamos entre los 3 países más corruptos del mundo, y aunque se saliese del libreto, pudo aclararnos por qué Danilo Medina se promociona como candidato del cambio si, como asegura, su gestión ha sido maravillosa.
Amigo lector, abra su nevera y mire qué tiene de comer; revise cuánto dinero le queda en su cartera y cuánto debe en el estado de cuenta de su tarjeta. Pregunte en el colmado a cómo venden los huevos y la libra de pollo. Pase por un hospital y dígame si se dejaría poner allá la mano, y si en el trayecto no sintió miedo de que lo asaltaran. ¿Llega agua por su casa? ¿No hay basura amontonada? Por último, piense en un funcionario y respóndame si la corrupción es cuento de hadas. ¿Guarda Capotillo, La Ciénega o Gualey alguna semejanza con Nueva York?

