Opinión

López Obrador

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Orlando Gomez

La victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones presidenciales en México ha despertado emociones y esperanzas en las izquierdas de Latinoamérica, las cuales en los últimos años han tenido que soportar las sucesivas desgracias de sus otrora idolatrados líderes. La realidad es que, salvo que López Obrador desee condenar su presidencia a un rápido fracaso, el gobierno de este puede que termine pareciéndose más al de Ollanta Humala en Perú, que a cualquiera de los adefesios izquierdistas que padeció nuestro continente en este siglo.

Los paralelismos entre AMLO y Humala son bastantes. En el 2006 ambos hicieron sus campañas con un discurso de izquierda radical y de repudiación absoluta al sistema y las instituciones democráticas en sus países.

Si bien Humala hizo su giro a la centroizquierda (2011) mucho más temprano que López Obrador (2018), ambos parecieron llegar a la aceptación de que las economías de sus países no tolerarían las aventuras socialistas que antes pregonaban, y justamente allí es donde se profundizan las similitudes.
México es el país más abierto al comercio mundial de Latinoamérica, y Perú en las últimas dos décadas es el país que lleva el proceso más acelerado de apertura en el continente.

Si bien las inequidades económicas y sociales persisten en ambos países, también es cierto que la calidad de vida en ambas naciones ha mejorado significativamente en estas últimas décadas de apertura. Un paso hacia atrás en dicho proceso pudiera significar una catástrofe económica que desestabilizaría el sistema político vigente.

Por ello no ha de sorprender que el enfoque de AMLO sea la corrupción, y que en su campaña ha insistido en acentuar su apoyo al TLCAN y su promesa de que México seguirá abierto a los negocios, bajando sensiblemente su retórica izquierdista y de guerra de clases.

Es probable que AMLO encuentre las mismas dificultades que Peña Nieto en llevar cambios drásticos para revertir los problemas serios que enfrenta México. Combatir la corrupción endémica en ese país (no muy distinto al nuestro) va a requerir mucho más que fiscales anticorrupción, y la reducción de la violencia ocasionada por el crimen organizado no luce posible en el tiempo inmediato.

Más aún, AMLO también tendrá que lidiar con la actual Administración de los Estados Unidos, tarea de por sí bastante complicada en el clima actual.

No obstante lo anterior, no olvido al López Obrador del 2006 tan anti-democrático e irracional como lo era. Sólo espero que una mirada a la realidad en el campo le recalque las razones de porque estaba equivocado entonces y porque retornar a ese pensamiento y retórica son un camino hacia el desastre. Lo espero, por el bien de todos los mexicanos.

El Nacional

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