La Autoridad Metropolitana de Transporte fue originalmente una institución disciplinada y decente, pero con el tiempo ha derivado en el desorden y la persecución contra los conductores, ganándose un rechazo aproximado a lo general.
Son múltiples las quejas que se escuchan en contra de los agentes de Amet, pero el suscrito tiene su propia experiencia sobre el carácter persecutor y la conducta indecente que exhiben hacia los conductores de vehículos privados, que son precisamente los que más respetan las leyes de tránsito.
La falta del cinturón de seguridad es una violación menor, cuyo espíritu es evitar accidentes y preservar la seguridad de los conductores. Por la falta del cinturón no debían de multar al conductor, a menos que sea reincidente. Basta con amonestar al conductor, observándole que su uso es obligatorio.
Muestran arrogancia, sin embargo, cuando proceden de inmediato a multar al conductor, sin importar que recién abordara el vehículo. No valen disculpas ni reclamos de que a la vista del propio agente los chóferes de carros y guaguas públicas violentan todas las normas y las denominadas voladoras echan carreras para disputarse pasajeros, poniendo en peligro vidas humanas.
Es irritante ver el miedo que los miembros de Amet sienten por los chóferes, mientras molestan a conductores, sobre todo a damas. Alegan que los chóferes disponen de un permiso especial para no usar el cinturón ¿Pero quién dijo que ningún director de Amet tiene derecho a conceder administrativamente permisos que privilegien ciudadanos ante otros? La Ley de Tránsito no hace excepciones, es de aplicación general.
Es que ninguna ley puede estar por encima de la Constitución de la República, mucho menos un permiso administrativo. Nuestra carta magna establece en todos los numerales del artículo 39 la igualdad entre los dominicanos, condenando el privilegio.
Los dominicanos estamos cansados de que violen nuestros derechos. El tránsito vehicular es un desorden y la responsabilidad descansa en la Amet, al aplicar la ley solo a los conductores, que somos los más pendejos. Si la Amet no está en capacidad de ordenar el tránsito, que la disuelvan.

