Hace poco vi morir un caballo en la avenida Duarte. Dos muchachos lo hacían tirar de una carreta cargada de arena, pero cuando no daba más, el equino se desplomó con todo y carga. Nadie lo ayudaba, aunque todos miramos hasta que exhalara su último suspiro.
Mientras esto ocurría, los dos muchachos conversaban animadamente con algunos transeúntes. Acciones como ésta se repiten a diario en las inmediaciones del Mercado Nuevo, donde decenas de caballos son explotados por vendedores ambulantes, sin que ninguna autoridad intervenga.
Mucha gente piensa que los animales sobrevivirán de una u otra manera, pero no es así. Ellos sufren enfermedades, hambre, sed y maltratos a manos de personas crueles.
Ya está bien de seguir tratando a los animales (perros, gatos, caballos o de otras especies), como si fueran cosas. Cierto que no pueden razonar, pero lo que está claro es que pueden sufrir, y los humanos, que sí pueden razonar, provocan enorme sufrimiento a estos indefensos animales.
Recientemente, en el país fue aprobada una ley de protección a los animales, pero, como ocurre con todo, nadie se ha dado por enterado, incluyendo a las autoridades policiales o de Salud Pública.
Pero también los medios de comunicación tienen responsabilidad en el maltrato a los animales, porque muy poco dan seguimiento al tema, mientras otros lo ignoran, como si no se tratara de seres vivos.
Cada mañana decenas de carretas tiradas por caballos recorren las calles de Santo Domingo, cargadas de productos agropecuarios o materiales de construcción.
Pero, ¿ustedes han pensado en el tratamiento que les dan los propietarios a estos animales en lo que se refiere a alimentación, protección, descanso y cuidados de salud?
Nada de esto existe. Es más, cuando uno de estos caballos se enferma o sufre lesión, generalmente el dueño opta por dejarlo abandonado en cualquier punto de la ciudad.
Pero lo peor es que cuando son atrapados por las autoridades, no es para protegerlos, sino para enviarlos al Zoológico, donde, según me cuentan, los usan para alimentar a los leones. Quiero resistirme a creer esto.

