Las depredaciones que han ocasionado los haitianos a nuestras zonas boscosas son inconmensurables, afectando las cuencas hidrográficas de tal magnitud que muchos ríos están secos, y los árboles y nuestras cordilleras no retienen el agua de las lluvias, provocando sequías que afectan a la población en varias vertientes.
Mientras el Gobierno hace esfuerzos por reforestar los lugares montañosos, los haitianos se dedican a cortar árboles de forma indiscriminada, acciones que se desbordan al talar plantas para procesarlas y obtener esencias destinadas a la fabricación de productos a los fines de exportarlos a los mercados internacionales.
La Unidad Técnica Ejecutora de Proyectos de Desarrollo Agroforestales, dirigida por el general Rafael Emilio de Luna Pichirilo, realiza una magnífica labor en la siembra de árboles de gran impacto medioambiental, económico y social, interviniendo áreas desérticas por las devastaciones provocadas por los haitianos ilegales.
Las áreas intervenidas hasta el momento son Hondo Valle y Juan Santiago, en Elías Piña; Sabaneta, en San Juan; Las Cañitas, en Azua; Independencia; Baoruco; Los Fríos (entre Azua y San Juan) y Barahona. Hasta el 17 de agosto pasado, se habían plantado más de 17.7 millones de árboles y plantas forestales y agrícolas en unas 223,213 tareas, representando un avance de un 32 por ciento del proyecto a ejecutar en su conjunto.
Ojalá esta labor sea bien protegida por los militares, a fin de impedir que los haitianos vuelvan a reincidir en sus acciones delictuosas y reprochables. Entre las especies sembradas se encuentran pino criollo, cedro, corazón de caoba hondureña, caoba criolla, bambú, mango, ceiba y capa Puerto Rico. Sobre el tema en cuestión, nos escribe desde España, el economista José Café. Y dice así:
Esto sí que es preocupante Dr. Ysalguez. Pensé que la tala de árboles por parte de los haitianos en territorio dominicano era algo del pasado. En todo caso, si ese árbol que usted menciona deja mucho dinero será difícil de controlar su tala, porque se supone que los destinados a cuidar nuestros bosques deben estar recibiendo su tajada para hacerse de la vista gorda. De todas maneras, hay una oportunidad. Ojalá aparezcan empresarios agrícolas dominicanos dispuestos a cultivar esa especie forestal con fines de exportación.

